Sabado, 22 Sep,2018

Opinión / AGO 23 2018

Liderazgo y humildad

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La mayoría de las personas que tienen responsabilidades, en cualquier organización pública o privada, parecen no ejercer el liderazgo. Solo un pequeño número logra inspirar los equipos que dirigen. Los demás, gerencian eficientemente cargos como ‘figuras de autoridad’. 

Hoy día es común escuchar permanentes discursos sobre liderazgo. Se adelantan cursos, se acude a todo tipo de entrenamientos y aun así, cada vez son más escasos los líderes. Quizá sea porque se necesita predicar menos y practicar más. Falta gente consistente que más que hablar, haga; personas que hagan lo que dicen y digan lo que piensan.

De las cientos de cualidades que podríamos enumerar, lo primero que se le pide al líder, contrario a lo que mucha gente piensa, es humildad. Para liderar se debe tener una mente abierta, dispuesta a aprender y desaprender. La humildad es patrimonio de los fuertes, puesto que solo la persona que sabe, pregunta. Solo la persona que sabe, escucha. Solo la persona que sabe, sospecha estar equivocado. Por ello es importante revisar las idolatrías y los egos, afectivos y morales, que impiden estar en contacto con la realidad.

Una mente abierta no pelea con la incertidumbre porque sabe que esta es inherente al ser humano. El mundo en que vivimos, exige cambios permanentes los cuales muchas veces provocan crisis. Pero, ¿qué sería de las personas si no conocieran las crisis? La crisis afectiva producto de un duelo emocional, la crisis de una situación que nos obliga a replantear la manera de ver la vida, de enfrentar el futuro.

Por ello no se reconoce el talante de un líder, mucho menos la dimensión de su carácter, en la comodidad. Por el contrario se reconoce su valor en la adversidad, en el fragor de la batalla, en el instante de las decisiones trascendentales, en la manera en que enfrenta las crisis. Es en la acción donde palabras como decisión, confianza, valores, aprendizaje, responsabilidad y liderazgo, cobran sentido y adquieren pleno significado.

Con alguna frecuencia deberíamos pensar ¿cómo seríamos si la vida estuviera solamente jalonada por el éxito? Quizás nos convertiríamos en seres insoportablemente arrogantes, pues es en la adversidad donde obtenemos los mejores aprendizajes y las mayores fortalezas para poder continuar sin detenernos, sin que los retos nos paralicen o el miedo nos desborde. Al final, todos debemos tomar decisiones y equivocarnos si es necesario.

Liderar es sinónimo de una humildad que no está relacionada con la ausencia de carácter, ni con la pusilanimidad, pero sí con la disposición para comprender que no somos perfectos, que necesitamos aprender para poder crear y transformar. Y tendremos que hacerlo, pues el futuro dependerá en buena medida de cada acción que por pequeña o grande cada quien decida emprender.

*Asesor del comando de personal del Ejército

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