Domingo, 18 Ago,2019
Opinión / ABR 06 2019

Liubanofismo en el microrrelato

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Explica Max Picard: “No es posible representarse un mundo donde solo exista la palabra, pero sí podemos representarnos un mundo en el cual solo exista el silencio”. 

La representación gráfica y escritural de ese ámbito narrativo que, sin eludir por completo la palabra, utiliza el mínimo de estas como señales de cuanto acontece a pesar del silencio, o la inexistencia de señales concretas, es elemento básico del subgénero que denomino Liubanofismo narrativo. El conde Fedia Liubanoff fue un personaje inventado por el escritor Giovanni Papini, en su vigente libro Gog, quien con grumosos argumentos poéticos, en el capítulo titulado La industria de la poesía, presenta a Gog un libro de poemas compuesto solo por títulos, máxima decantación de la página, donde emergen individuales perspectivas que el lector tiene del mundo al cual se asoma con la lectura. Dos silencios semejantes avivando diferentes emociones: el silencio premeditado del narrador, facilitando un mínimo de palabras para que nos relatemos la historia sugerida. Colma de rutas interpretativas al lector al no delinearle derroteros de lectura o comprensión. Es el silencio inicial. Y el silencio del lector, encontrando espacios vacíos, sin palabras ni señales, no solo para atender sugerencias del narrador y observar hacia donde este señala sino para construir, también, otro universo. Ambos silencios originan el esencial: la historia no contada que puede quedarse solo en el título. O en palabras iniciales cuya estructura son los vocablos conclusivos. Si su proliferación condiciona al lector para que acepte cuanto se le relata o no se le dice, o se le dice poco y solo se le barrunta cuanto se relatará y sin embargo no se describe, induce a este a fantasear sus propios universos. “Ha pasado un ángel”, es el místico dicho entre personas que dialogan y de improviso les sobreviene un intervalo de silencio. Este tipo de microrrelatos, con características de broma al lector, facilismo narrativo o juego frívolo, para muchos narradores es un creativo ejercicio literario de narratividad sintética, no descartable como sugestivo recurso cuentístico. En su libro Signos, para Merleau-Ponty “tenemos que considerar la palabra antes de ser pronunciada, ese fondo de silencios que siempre la rodea y sin el que no diría nada; desvelar los hilos de silencio entrelazados con ella”. Los lectores lo son de palabras y silencios, interrupciones, sombras y penumbras, espacios en blanco o negro. En el liubanofismo, a partir del enunciado, del título o del signo, se develan otros hilos del relato no imaginados por el autor del texto. Dijo Plutarco: “Nunca una palabra pronunciada ha prestado tantos servicios como, en muchas ocasiones, una palabra que se ha sabido retener”. Un microrrelato de naturaleza liubanofista contiene de cero a 20 palabras. Necrofilia.- Todavía no encuentro la mujer ideal…

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