Lunes, 24 Sep,2018

Opinión / JUL 04 2018

Lo raro que es vivir

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En una de las canciones más sonadas de los años 90’s, el vocalista de la agrupación Radiohead, Thom Yorke, canta: But I’m a creep/ I’m a weirdo/What the hell am I doing here? /I don’t belong here. —Pero soy un desgraciado/soy un bicho raro/ ¿qué diablos hago aquí? /No pertenezco aquí—. Esos versos y la atmósfera opresiva y melancólica de esa canción se me cruzaron por la cabeza mientras leía la colección de cuentos Nuestra criatura, de Daniel Villabón —Seix Barral 2018—.

Desde su primera obra publicada, La soledad del dromedario, con la que ganó el Concurso Nacional de Novela Corta de la Universidad Central en 2010, el joven autor nacido en Ibagué ha fijado su mirada narrativa en el universo de lo freak, retratando personajes estrambóticos pero tiernos que se arrastran por los bajos fondos de la ciudad cargando con sus miserias, y dando cuenta de que lo anormal, lo sobrenatural, anida en cualquier esquina del mundo y se conecta fácilmente con esa condición de rareza que todos portamos como seres humanos y que muchas veces nos hace pensar que no pertenecemos a ninguna parte.

Está claro que el cuento es el género que mayores posibilidades de experimentación y juego con los temas y registros permite. En este caso, aunque con una narrativa muy tradicional, el autor sí apuesta a transgredir los estándares de una literatura que muchas veces brilla por aséptica y pudorosa. Encuentros y relaciones que oscilan entre lo escatológico y lo perverso, como en La invitación, La primera noche y Amor WC —historia en la que el sentimiento amoroso está literalmente ligada a lo visceral—. Embarazos malogrados vistos desde perspectivas diferentes, siempre con el filtro de la ironía y el humor negro —Una cuestión personal, Ecografía— y desvaríos que se convierten en pequeños dramas en un abrir y cerrar de ojos —La niña, Salir a caminar, Madrugada—. Sobresale por su buena factura el cuento Feliz cumpleaños, Aldito, en el que un niño, como regalo en el día de su santo, se regodea maltratando a un infeliz indigente. Un buen ejemplo de eficacia en la dosificación de los elementos narrativos y la exploración de la crueldad como condición tan natural y humana como la compasión.

Tal vez sea el cuerpo, con toda su belleza y fragilidad, pero también con su complejidad y fascinación escatológica, el gran homenajeado en este puñado de historias. No hay concesiones a la belleza común y al concepto tradicional de ‘lo bonito’, sino una visión desaprensiva de la realidad que sacude e incomoda. 

Salvo pequeños tropezones en la lectura producto de inconsistencias en la edición y la corrección de estilo —imperdonables en un sello de Planeta—, esta colección da cuenta de un autor oficioso y con un horizonte claro en su camino creativo. Formado en escritura creativa en la universidad Central, el autor entrega a los lectores una obra que lo perfila como un cuentista al que hay que seguirle la pista.


Juan Felipe Gómez

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