Miércoles, 19 Sep,2018

Opinión / FEB 11 2018

Lo sublime musical

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Perfeccionar la moral, por lo sublime y magnánimo, fue el propósito de Juan Sebastián Bach. El éxtasis que sobrepasa la racionalidad, en su grandeza o belleza extrema, no puede tener origen distinto que la divinidad. Su entrega y dedicación por la música consistió precisamente en musicalizar pasajes completos de la Biblia.

Ninguna de sus composiciones las atribuyó a su persona, creía que solo seguía un designio de Dios. No hubo en él pretensión alguna o vano orgullo en lo que corresponde. Humildad por lo conmovedor y maravilloso de lo infinito, enigmático y sorprendente, cuya percepción no podía ser de otro modo que por la música. La música es lo único que se compara con la inefable emoción y el más intenso sentimiento.

De Beethoven se reconoce su esfuerzo personal por conseguir la perfección en la composición musical. No cejó en su esfuerzo por la excelencia hasta llegar al agotamiento. Legó a la posteridad una obra imprescindible, encomiable y fabulosa, mucho más si se recuerda cómo se sobrepuso a una limitación -la sordera- dada su sensibilidad por el arte precedida como estaba por una voluntad superior.

El poder de la música, en el caso de Beethoven, trasciende su época. En 1989, la ópera Fidelio representada en Dresden —Alemania—, concitó la reacción espontánea de la gente, que conmovida por la obra, salió a la calle a reclamar justicia e igualdad, y a protestar por lo arbitrario, abusivo y violento de regímenes políticos que son y habían sido. Nada extraño. La obra reivindica derechos y libertades de la mano de una mujer, una heroína, que defiende el amor, el matrimonio y la felicidad contra toda forma de sometimiento, vileza o humillación. El papel revulsivo de lo femenino y valores positivos de lo romántico, en una lucha contra todo poder, sombrío y difuso, de carácter destructivo. Beethoven vivió la Revolución Francesa y fue testigo de la declaración de los Derechos del hombre y del ciudadano. En él hay ideales de solidaridad, igualdad y libertad, pilares de la revolución, y fuerza suprema de un arte comprometido con el destino de lo humano.

La música va dejando huella y el hombre encuentra en ella el camino de lo sublime moral. La música es concebida entonces como valor supremo a las aspiraciones humanas: dignidad mayor con substrato en el arte; contribución a la experiencia vital en lo que significa superar adversidades y contingencias; un asomo a las profundidades de lo misterioso de un universo abierto e infinito.

Por la música se aprende que toda soberbia humana no es más que vana ilusión, pues es muy poco de verdad lo que sabemos del universo. Una realidad plasmada en notas musicales de grandes compositores advierte sobre la fragilidad humana.

NOTICIAS RELACIONADAS


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

logo-copy-cronica
© todos los derechos reservados
Powered by: rhiss.net