Martes, 18 Sep,2018

Opinión / JUL 30 2018

Los desconectados

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Vivimos un momento histórico colmado de paradojas: contamos con más opciones tecnológicas para comunicarnos y menores oportunidades para expresar a los que amamos lo que sentimos. Tenemos incontables alternativas para generar dinero —y lo hacemos—, dedicando muchas horas diarias a la producción y perdiendo en muchos casos salud, afectos y calidad de vida.

Gozamos de medios de transporte para recorrer el mundo y cruzamos imposibilidades para destinar tiempo a vacacionar, visitar a los que amamos en otras ciudades y países y en general… ser libres.

Contando con todas las alternativas para la conexión, estamos cada vez más desconectados. ¿En qué forma?

Primero. Estamos comunicados con seres humanos que viven al otro lado del mundo, hablamos con varios de ellos casi a diario; sin embargo, muchas veces dejamos de mirar a los ojos y escuchar con generosidad al que tenemos al frente. En ocasiones, tenemos relaciones más estrechas con los que viven en otro continente que con quien respira a nuestro lado.

Segundo. Perdemos calidad de atención en el estudio y el trabajo. Es una realidad que celulares y computadoras con sus aplicaciones, se han convertido en grandes fugas de tiempo que consumen muchas horas de nuestros días. Vivimos bajo la idea ingenua de… “tengo la capacidad de prestar atención a varias cosas a la vez”, y es cierto, aunque la calidad de la concentración, sin duda varía.

Tercero. Estamos perdiendo eficacia en las tareas. Dada la consulta permanente de aplicaciones que nos comunican y se han convertido en parte de nuestra rutina, restamos segundos e incluso minutos a cada labor que ejecutamos por estar respondiendo un mensaje, viendo un vínculo, mensaje o video que nos enviaron y de múltiples maneras, atendiendo cosas que nos sacan la mente de lo que hacemos. Esos segundos van convirtiéndose en puñados de horas que disminuyen los logros cotidianos. Quizás es imperceptible, o todos hacemos como si no pasara, sin embargo, cada vez es más difícil central a un ser humano con mente y voluntad en una labor. De hecho, son cada vez más las empresas que prohíben o restringen el uso de tecnología en horarios laborales.

Cuarto. Tenemos reuniones con altos niveles de dispersión. Ejecutivos, gerentes, presidentes, directores, asisten con su corporalidad a encuentros con diversos propósitos y permanecen conectados a sus celulares y computadores atendiendo cosas que requieren pronunciamientos inmediatos. A veces, se observan reuniones de alto nivel, donde cada uno tiene un mundo paralelo dentro de su teléfono. Esto genera que quien expone sea escuchado de forma parcial y de nuevo, que la calidad de la atención baje.

Quinto. Estamos perdiendo libertad. Eso es lo más grave: condicionados a mirar una pantalla, prisioneros de la reacción indignada de quien nos envió un mensaje que tardamos en responder… Ahora los grilletes tomaron forma de pantallas.

NOTICIAS RELACIONADAS


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

logo-copy-cronica
© todos los derechos reservados
Powered by: rhiss.net