Martes, 18 Sep,2018

Opinión / FEB 08 2017

Los pasos de un Titán

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Con la muerte de Elkin Ramírez, fundador y líder de la agrupación Kraken, la música nacional perdió a un hombre que asumió su quehacer artístico con la pasión y la entrega de quien se sabe abanderado de una causa donde hay que jugarse el todo por el todo. Empezar a hacer heavy metal en la Medellín de los ochentas no es solo un hecho singular dentro de su biografía, sino el primer paso de un proyecto de vida que lo llevó a trascender más allá de los escenarios y la industria musical, y en el que tendría que sortear cualquier cantidad de obstáculos y represiones.

Además de tener que hacer frente a la estigmatización en una sociedad pacata que llegaría a calificarlos como blasfemos, satánicos, delincuentes, mechudos, vagos y mariguaneros, tal vez la mayor lucha de ese puñado de muchachos que con Elkin a la cabeza emprendieron el camino del rock, era encontrar espacios para dar a conocer su música más allá de los círculos marginales. Aunque los toques se sucedían cada vez con mayor frecuencia en diferentes puntos de la ciudad, permitiendo una interacción sin igual entre los músicos y sus fanáticos, el ideal también era sonar en las emisoras que empezaban a abrirle espacios a la música que se salía del estándar comercial. Aunque no fue fácil, Kraken fue una de las primeras agrupaciones de su estilo que logró el espaldarazo de una emisora con una audiencia significativa. En buena medida esta apertura se debió al carisma y la perseverancia de Elkin al frente de la formación. 

Para evocar y rendir homenaje a Elkin es inevitable remitirse a una de sus canciones más emblemáticas, Todo hombre es una historia, primera del álbum Kraken I de 1987, composición en la que resumió lo que seguramente fue una constante para los jóvenes músicos y aficionados de la época, y lo que él reconocería como su propia historia: Y con su pelo en hombros/ Se le escapó/ Un día toda esa opresión/ …Era amante de la vida/ De la música que un día/ Sus sueños despertó…

Eran los sueños y el despertar de una generación que encontró en las letras de Elkin y el poder de las guitarras y los sintetizadores la catarsis necesaria. En una ciudad sitiada por el crimen y la violencia, derivada del narcotráfico, el hecho de que los muchachos se pudieran reunir a entonar canciones con mensajes que invitaban a subvertir el orden de una sociedad acomodada (¡Humano es hacer revolución!) era un acto liberador.

Convicción y honestidad fueron dos faros que guiaron los pasos de Elkin hasta el final de sus días. Su integridad y sensibilidad como artista es y seguirá siendo motivo de admiración y ejemplo en un país donde se produce tanta música mediocre y desechable. Como ha ocurrido con otros músicos internacionales fallecidos recientemente, Elkin legó a sus fanáticos un último trabajo discográfico, Kraken VI Sobre esta tierra, presentado en octubre de 2016. Este álbum marcó el punto final de una saga musical en la que vimos y escuchamos crecer a un gran hombre, a un Titán. 

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