Sabado, 17 Nov,2018

Opinión / AGO 27 2018

Los toros también lloran

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Indudablemente, estamos viviendo el medioevo. Siempre elegimos la muerte y el asesinato como alternativa cotidiana. La Corte Constitucional acaba de  ratificar ese pensamiento del cual ya no me queda ninguna duda. El derecho de un ser vivo a no ser humillado, vejado, torturado y asesinado acaba de ser enterrado por la deshonorable Corte. Los deshonorables magistrados acaban permear de sangre, los abrazos que les dan a sus hijos y los besos que les dan a sus amantes. En estos tiempos donde el dinero es dios, dudo de la honestidad de la corte, pues el poder económico de los taurinos es inconmensurable. Es mi derecho a la duda, y por si las dudas, estoy dispuesto a las rejas por expresarla. 

Cantan victoria los hematófagos  amantes de Drácula, los enfermos mentales que disfrutan con la sangre de la víctima. Cito textualmente a la Unesco: “Tauromaquia es el arte terrible y banal de torturar y matar animales en público, traumatiza a los niños y a los adultos sensibles, agrava el estado de los neurópatas atraídos por espectáculos de sangre”.
El toro tiene sistema nervioso, siente dolor. ¿Qué diferencia hay entre el dolor de un animal y el de un ser humano?  El hombre con el puñal en la espalda es socorrido, su vecino corre, se siente el ulular de las sirenas, el hijo, el hermano, la esposa, la mamá, lloran y piden a Dios; en el caso del toro, se profieren gritos de alegría, se canta victoria, la sangre vuela como el vino, es un simple animal, su tortura y la muerte son motivos de alegría. La validación de este espectáculo medieval, es el deshonor de la corte, y el regreso del género humano a sus orígenes bárbaros. Amigos, hay fotografías que muestran a un toro derramando una lágrima en medio de su suplicio. 

En mi país no hay Estado de derecho, se valida la muerte y la tortura de un ser vivo, ¡si no se protege la vida de un líder social, menos la de un animal!  Hoy ya no podemos confiar en las instituciones. Nos queda la calle, la plaza, tenemos que llenarlas de voces, quienes aún respetamos la vida, quienes conservamos la esperanza, tenemos la obligación con nosotros mismos, de sacar  nuestra voz de las redes sociales, y convertirla en nuestra arma de lucha. En Armenia lo logramos, nuestra lucha callejera, convirtió en un estigma la asistencia a la plaza El Bosque. Fuimos encalabozados, golpeados, la represión nos hizo fuertes. Los grises funcionarios, se cuidaron porque año tras año los llevamos a la Procuraduría, que convertía nuestras quejas en papel higiénico, pero les jadiamos la vida.

Los animalistas del Quindío, que gastan su energía, su amor y su dinero protegiendo diariamente  a los animales, supliendo la obligación del Estado, entran en  asamblea humana permanente,  se volverá a la calle, al igual que todas las organizaciones del país. No hay otra alternativa. El 8 de septiembre el encuentro nacional antitoreo en Bogotá, será un encuentro por la vida.

 

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