Lunes, 21 Oct,2019
Opinión / JUN 16 2019

Luz en las sombras

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Desde el inicio de la humanidad, la oscuridad de la noche ha generado miedo en el hombre, representado en el imaginario y en la forma en que se exterioriza, por medio de intangibles como el temor a lo misterioso y fantástico, y en lo tangible relacionado con la seguridad y la preservación de la integridad. Desde esta perspectiva las comunidades buscan la manera de alejar la penumbra, utilizando la luz artificial —antorchas, fogatas— para obtener seguridad, calidad de vida y facilidad en el desplazamiento por diferentes ambientes. Motivando la búsqueda de un sistema de alumbrado público acorde a sus necesidades.

En una ciudad que duerme, una actividad rutinaria como realizar deporte o el regresar de la oficina después de una jornada laboral, es percibida con incertidumbre por el asedio de delincuentes, que emplean la penumbra como aliada para cometer sus fechorías. Oscuridad presentada en la mayoría de los casos por deficiencia en el servicio de alumbrado público, factor estructural que genera inseguridad. Un estudio del Departamento de Criminología de Chicago confirma que el presentar fallas en el alumbrado público puede aumentar el crimen hasta un 134%. Concluyendo que la cuestión no es que las calles cuenten o no con iluminación, sino que estén realmente bien iluminadas. 

La actividad delincuencial está influenciada por el entorno, como elemento que afecta la toma de decisiones del criminal. Quien no realiza su accionar de forma improvisada, por el contrario se sirve de las características del territorio, para favorecer su actividad ilícita. Situación que se enmarca en el concepto de la criminología ambiental, la cual no se interesa tanto por explicar la dimensión individual del delito, sino se centra en valorar la relación entre la condición urbana y la delincuencia. Por medio de la criminología ambiental se puede estimar cómo el diseño y el mantenimiento realizado a las ciudades, aporta a la percepción de seguridad en las urbes. Un mejoramiento en la infraestructura de iluminación pública debe aumentar la sensación de seguridad.

Es posible entonces, con un adecuado diseño y planeación urbana reducir las tasas delincuenciales. Desde hace siglos se tiene la idea de combatir la delincuencia con una mejor iluminación. Encontramos un ejemplo en París en 1667, en donde se generó un primer servicio de alumbrado público en Europa. El cual se ubicó de forma estratégica sobre la vía pública y así logró que los delincuentes se abstuvieran de aprovechar la oportunidad de cometer algún crimen en la oscuridad. Hecho que muy pronto fue apropiado por diferentes ciudades del mundo. Por lo tanto, invertir en la iluminación del espacio público, conduce a evitar las consecuencias generadas por la delincuencia y sus costos asociados.


@CrJBedoya


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