Sabado, 22 Sep,2018

Opinión / SEP 10 2018

Maltrato animal

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Hay grandes diferencias entre el mundo que vivimos hoy, con el de otros tiempos, antes, hace siglos el mundo giraba en torno exclusivamente a la vida religiosa, a la idea del bien y del mal, del cielo y del infierno y de la omnipresencia de Dios en toda los aspectos de la vida. Después y hasta hace pocos años se cambió de énfasis en la vida cultural y el papel protagónico se desplazó al hombre, al ser humano, a la razón. Ahora en los últimos años descubrimos la importancia de no ignorar la interrelación con los animales y los vegetales, nuestros compañeros de viaje en esta nave que llamamos planeta Tierra. Son conquistas.

Estos cambios de perspectiva trajeron modificaciones significativos en relación al  comportamiento con los animales, hay quienes decidieron dejar del todo su agresividad gástrica contra ellos y se convirtieron en vegetarianos, otros crecieron asociaciones que se aplicaron a tareas para defenderlos contra el maltrato y el abandono, hasta los abanderados de hoy que abogan por sus derechos al punto que consiguieron convertirlos en  objeto de protección por los códigos penales y, seguramente más temprano que tarde, serán verdaderos ‘sujetos’ de derechos en otros aspectos jurídicos. Todo eso está muy bien y ojalá se sigan alcanzando prerrogativas para nuestros amigos y compañeros de viaje.

Pero en materia de animales domésticos, de las mascotas, que cumplen el papel de hacer más amable la vida diaria: ¡líbralos señor! de esos amos, de esos dueños intensos que los encierran que los limitan a extremos, que los castigan, o que los sobreprotegen, he visto perros encerrados por meses, en espacios como acuarios solo para deleite esporádico de quienes los visiten, porque no hacen parte de la familia a la hora de la recreación, gatos aislados que no se pueden relacionar con sus congéneres, caballos rendidos del cansancio soportando a su amo en plena borrachera, para no hablar de los que mueven las carretillas, mascotas vestidas, disfrazadas mejor, con ropas en medio del calor de este trópico, o en coches arropados como infantes, arrastrados porque no caminan al paso de sus amos, sometidos a besuqueos como  bebés y  tantas otras cosas más.

En todos estos comportamientos hay un maltrato evidente que esos animales no pueden expresar. Las mascotas  son animales que requieren un trato acorde con su naturaleza y con sus características biológicas, demandan cariño y comprensión, pero no son objetos  para ‘muñequiar’,  no son especímenes raros para encerrar hasta que, como en los zoológicos, alguien decida visitarlos. No son niños, no deben asimilarse o tratarse como seres humanos, estos reclaman otra condición.

Los animales son seres con derechos a quienes se debe atender más allá de la comida, el agua y el abrigo, o simplemente no tenerlos.

Como ese perro de mi vecindad, que lleva encerrado aullando horas, existiendo un muy buen parque al frente de su casa.

 

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