Miércoles, 20 Mar,2019
Opinión / DIC 31 2018

Medios de desinformación

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

La libertad de prensa no consiste en decir lo que se quiere, sino en el derecho que tiene una sociedad a estar bien informada. Un medio que no respeta este principio, no es un medio de información, es un desinformador, y los periodistas que no respeten dicho principio, no son tal. Son reyes del engaño que le han dado la espalda a su función principal. 

El pseudoperiodismo nacional, se lamenta porque hay censura en otros países, Lamentable que así sea, pero no miran la mugre en su casa. La censura en Colombia es aceptada sumisamente por quienes fungen de periodistas, cuando aparece algún honesto, que no la acepta, se hace visible, el escándalo dura muy poco, y el periodista cede, lo destierran, o matan. La censura más peligrosa y común en Colombia, es la autocensura, periodista que no se autocensure, no tiene espacio en ningún medio colombiano.

El periodista tiene la obligación de brindarle al ciudadano, todas las versiones, para que este se forme su propia verdad. El caso más denigrante del periodismo en los últimos tiempos, se dio a raíz del debate sobre los sobornos de Odebrecht y Corficolombiana. Todo el poder de los dueños de los medios, fue orientado a desviar la atención sobre la responsabilidad de Néstor Humberto y Luis Carlos, y el pseudoperiodismo sumiso así lo hizo. Una ONG analizó el comportamiento de los medios, el video de Petro contra el de Odebrecht fue difundido en una desproporción de treinta veces contra ocho. El medio más extremo fue Caracol radio en una desproporción de treinta y tres contra cuatro; noticias UNO fue el medio más ecuánime, y se ha convertido en la conciencia del país, por eso lo quieren sacar del aire. Si algún noticiero se muestra independiente, los asfixian económicamente, se alinean todos los poderes, y aparece la judicialización de las opiniones. 

Si en Colombia el periodismo es degradante, en el Quindío no escampa. El periodismo es comprado en su mayoría. Los políticos pagan sueldos y espacios para afianzarse en sus propósitos; aparecen programas de opinión totalmente dirigidos a impulsar la imagen de quienes pagan los espacios. Valga decir que hay uno que otro periodista que se mantiene leal al principio del periodismo, informar. En la pasada campaña política a alcaldía y gobernación, hubo un grupo político que compró una emisora.

Ante este panorama desinformador, aparecen los medios alternativos y las redes sociales, democratizando la información, gracias a ellas conocemos otras caras de los hechos, y nos formamos nuestros propios conceptos. Ante el avance arrasador de las redes sociales, van quedando en ridículo los pseudoperiodistas, pues el ciudadano del común, compara y se da cuenta del engaño de los medios de desinformación, y es muy común escucharlos decir “yo ya no veo esos noticieros”.

En mi caso, en el tiempo que llevo como columnista en este diario, y a pesar de mi tendencia a decir cosas que incomodan a unos y gustan a otros, no he tenido el menor asomo de censura. 

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