Lunes, 24 Sep,2018

Opinión / AGO 16 2018

Medoro Madera

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Hacía ya varios años que Rubén Blades le debía un álbum completo a Medoro Madera. El singular personaje, excéntrico sonero octogenario que bebe ron, fuma puros y adora cantar, había hecho discretas apariciones en anteriores grabaciones, ubicándose la primera, según los conocedores, en la canción Mi jibarita, incluida en el álbum Doble filo de 1987. Sería este el origen de una de las muchas genialidades del cantautor a lo largo de su carrera: crear un personaje como alter ego para homenajear la tradición del son cubano del que él y todos sus contemporáneos salseros son deudores.

La aparición estelar de Medoro se daría en el álbum La rosa de los vientos de 1996, uno de los mejores registros en la discografía de Blades y de la salsa en esa década. En la canción Un son para ti, impostando la voz, Rubén le daría paso a Medoro para reclamar el protagonismo debido, apareciendo incluso en los créditos del álbum. Se reafirmaba la versatilidad, sensibilidad y el brillo creativo de Blades en años en los que una buena parte de la salsa había caído en el facilismo y el melodrama.

En 2018, cuando Blades llega a los 70 años, Medoro ha reclamado de nuevo un lugar para su voz, su desparpajo y su sabor. La respuesta de su creador es un álbum con 8 canciones donde el sonero se regodea en las posibilidades narrativas y estilísticas del son y la salsa dura, con el acompañamiento de la potente orquesta de Roberto Delgado, el coterráneo y socio de Blades en varias empresas musicales.

Medoro Madera es un portento de autenticidad y consistencia creativa, aunque para algún oyente desprevenido cueste reconocer y resulte extraño escuchar la voz impostada de Blades. Por encima de cualquier tendencia, apartado del afán de otros salseros de hacerle guiños al pop o al reggaetón, Blades encara el reto de producir un álbum en la onda clásica del género, haciendo gala de su gran talento como compositor, y dándole absoluta libertad a Medoro para conquistar con su interpretación.

Estamos ante un álbum conceptual, en el sentido de darle plena identidad a su alter ego sonero, con canciones que cuentan historias y en su concisión se perfilan como brillantes estampas de la idiosincrasia latinoamericana con sus creencias, mitos, contradicciones y flagelos, y retratando la complejidad de las relaciones humanas. Revancha y reivindicación amorosa en El tiempo será testigo, Ya no puedo creerlo, y Levántate, éstas dos últimas en clave de bolero. Mujeres tremendas y malintencionadas como la negra protagonista de Me tenían amarra’o con P, y descorazonadas como La muñeca. Se incluye una canción ya clásica en el repertorio de Blades: La caína, esa creativa composición con la que el cantautor alertó sobre los peligros de esnifar polvo blanco.

Para los curiosos que nos preguntábamos cómo luciría Medoro Madera, el álbum lo retrata en la portada, y nos damos cuenta que es, como cabía imaginarse, el rostro de Blades superpuesto con el de su padre: una genialidad más en un álbum que nos deja la esperanza de que la buena salsa sigue viva.

NOTICIAS RELACIONADAS


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

logo-copy-cronica
© todos los derechos reservados
Powered by: rhiss.net