Martes, 24 Sep,2019
Opinión / AGO 21 2019

Menos consignas y más propuestas

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

En la actual baraja de candidatos para las dignidades que implican la responsabilidad de gobernar, hay nombres interesantes, varios conocidos ya sea por su trabajo en comunidad, sus meritos académicos y también por venir de familias que han sido de arraigo y además han dado un ejemplo de civismo, amor por su tierra y sobre todo, honestidad.

Lo primero que hay que mirar es a la persona que aspira, sin primar razones de parentezco o amistad; de cariño o cercanía, lo honesto es revisar concienzudamente su hoja de vida analizando el perfil con rigurosidad, hay que calificar su gestión en cargos anteriores; responsabilidades políticas y sociales, su desempeño en la vida profesional, laboral, no importa el área que sea. Esas personas que solo dan palmaditas y sonríen en campaña, son de cuidado: “cuento con tu apoyo” es válido si acompañada de esa solicitud viene una propuesta clara de los proyectos y compromisos, sin ambigüedad. Cada cosa en su lugar y al elegir a un gobernante, la amistad y el cariño deberían ser un elemento mas de sinceridad con el convencimiento de que la persona apoyada tenga clara orientación al bien de la comunidad, al servicio y además sepa cómo hacerlo, sin ningún otro interés individual que signifique absolutamente nada ilícito. No es solo elegir a un buen tipo, a una querida y honesta amiga, pariente o recomendado: es indispensable que esa persona tenga las competencias para ejercer bien el cargo, sin presiones, sin ser un títere de otros, con independencia y liderazgo. ¿Usted permitiría que un ser querido se monte a un avión piloteado por su mejor amigo si él sabe muy poco de aviación? Así es la proporción de la responsabilidad al elegir a los gobiernos, los concejos, las dumas; pueden pasar varias cosas: o que el avión nunca despegue, o que se convierta en un instrumento de juego con los amigotes, acabando con todos los recursos que debían ser para un viaje exitoso; o en el peor de los casos, que logre despegar pero no avanzar y en cambio, precipitarse a tierra causando nuevamente la inmensa tragedia.

Parece un ejemplo de niños, pero es profundo el símil. Al mirar hacia otras ciudades, incluso cercanas, es imposible no sentir envidia acompañada de indignación, pues es claro su progreso, su desarrollo, su mejoría en espacios de autoridad, crecimiento, civismo. Y nosotros, en un caos. Necesitamos las propuestas claras, los compromisos serios y las capacidades de quienes así lo manifiestan y no el distractor de una consigna, ¡a ver si por fin sabemos a quién estamos eligiendo!

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