Domingo, 26 May,2019
Opinión / SEP 04 2016

¿Mentiras santas?

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Uno de los principios fundamentales de la conducta humana es la verdad. Y su importancia aumenta en la medida en que la actividad correspondiente interesa a más gente. Por esto, el gobierno es incompatible con la mentira.

Dicho en las palabras más sencillas: un gobernante que miente no merece la confianza que el pueblo depositó en él al elegirlo, cuando de una democracia representativa se trata. Y si es una dictadura, bien sea porque quien gobierna llegó al poder por una vía diferente a la del voto popular, o porque se perpetuó en el mando por la fuerza o por cualquier medio contrario a la voluntad de la mayoría; ya el gobierno, en sí mismo considerado, será una mentira. ¿Por qué? Porque la autoridad legítima es la que se ejerce racionalmente, en beneficio de los gobernados, y esto es, en síntesis, la antítesis de la dictadura.

El presidente Santos ha mentido desde antes de llegar, por arte de birlibirloque, al poder. Faltaba a la verdad cuando, como ministro de Defensa en la administración de Uribe, pregonaba, siempre con exagerada zalamería, su lealtad al régimen.

Mentía al prometer que continuaría el programa de seguridad democrática. Cuando repetía esa afirmación,  ya había comenzado sus contactos con las Farc.

Faltó después a la verdad al desconocer el paro agrario, y preguntar, como si de un asunto cómico se tratara, ¿Paro agrario? ¿Cuál paro agrario?
Ahora miente descaradamente, induce al error a los ciudadanos  al preguntarles a los colombianos si quieren una paz estable y duradera, en lugar de interrogarlos sobre la realidad, que no es diferente a ésta: “¿Aprueba usted en su integridad el Tratado Timochenko –Santos?”

Dicho sea de paso, no se sabe quien sea más estúpido: si quien redacta un documento farragoso, lleno de lugares comunes, de promesas imposibles de cumplir;  quien pierde su tiempo leyéndolo; o el que cree alguna de sus tonterías. 

Es en verdad un extraño mamotreto. Nunca se sabrá cuál de los genios al servicio del régimen de los Santos (así, en plural, porque todo el mundo sabe que algunos miembros de la familia mandan más que quien hace el papel de Presidente), redactó ese esperpento.

¿A quién se le ocurre que algún colombiano está tan desocupado, que tiene tiempo para leer esa colección de tonterías? Basta transcribir una muestra de esa redacción, propia apenas de un analfabeto:

“Además, la participación y el diálogo entre los diferentes sectores de la sociedad contribuyen a la construcción de confianza y a la promoción de una cultura de tolerancia, respeto y convivencia en general, que es un objetivo de todos los acuerdos. Décadas de conflicto han abierto brechas de desconfianza al interior de la sociedad, en especial en los territorios más afectados por el conflicto. Para romper esas barreras se requiere abrir espacios para la participación ciudadana más variada y espacios que promuevan el reconocimiento de las víctimas, el reconocimiento y establecimiento de responsabilidades, y en general, el reconocimiento por parte de toda la sociedad de lo ocurrido y de la necesidad de aprovechar la oportunidad de la paz.” ¿No es este párrafo un ejemplo perfecto del escribir sin decir nada, escribir por escribir? ¿No es cantinflesco?
Hay que preguntarse qué quiere Santos cuando invita a aprobar con un SÍ  297 páginas de esta basura literaria. ¿Qué nadie la lea y que vote SÍ obligado por la propaganda asfixiante del establecimiento? ¿Qué la gente le crea y no se tome el trabajo de averiguar qué aprueba al emitir su voto? Es difícil saber lo que se fragua en esa mente retorcida.

Y surgen naturalmente las preguntas. ¿Qué lleva a Santos a obligar a los colombianos (ninguno de los cuales leerá completa esa seudo novela de ficción, como no la leyeron sus autores), a señalar el 2 de octubre para el inconstitucional plebiscito, otro horror que recibió la bendición de la Corte Constitucional, literalmente arrodillada ante el régimen? Sencillamente, adelantarse a la reforma tributaria que hará aún más precaria la situación de la clase media y de los más pobres.

Además, derrochar centenares de miles de millones en propaganda, como ya lo está haciendo con impudicia, sin medida. ¿Quién son los contratistas de esa publicidad exagerada? Sus amigotes…

Y para terminar, hace un pregunta capciosa, porque “le da la gana”, como responde cualquier mozalbete maleducado y patán, cuando alguien lo reprende… ¿Qué maldición cayó sobre Colombia para caer en manos tan torpes?

¡Por fortuna el pueblo responderá NO el 2 de Octubre!   


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