Jueves, 19 Sep,2019
Editorial / MAY 20 2019

Mosca con las abejas

Si no se toman decisiones contundentes, urgentes y oportunas las abejas van a desaparecer en pocos años y sin ellas el futuro de la humanidad sería incierto.

Mosca con las abejas

Estos pequeños pero valiosos y organizados insectos realizan, junto con otros animales, una de las tareas más trascendentales del planeta, pero están amenazados por el uso indiscriminado de ciertos agroquímicos, el incremento de monocultivos, el cambio climático y, en Colombia, por la falta de una legislación que las proteja como debe ser.

Abejas, avispas, escarabajos, murciélagos, aves, mariposas, junto con otras especies, tienen algo en común, son polinizadores. Ese cotidiano, natural, sutil y mágico proceso llamado polinización permite la generación de semillas y frutas, que dan origen, aproximadamente, al 75% de los alimentos que consumimos. Por eso la alarma y la necesidad de actuar, la soberanía y seguridad alimentaria depende de los polinizadores, especialmente de las abejas.

De nuevo los apicultores del país están llamando la atención sobre las amenazas de este importante renglón productivo, lo han hecho muchas veces pero poca atención han recibido. En el Quindío, varios de ellos, aseguran que han reducido hasta en un 35% el número de colmenas, otros hablan del 50%, cifras que coinciden con lo que han dicho en Risaralda, Caldas, Tolima y norte del Valle.

Una decisión trascendental está por tomar la plenaria del Senado cuando discutan, en último debate, el proyecto de ley de protección a los polinizadores y a la apicultura, autoría del exrepresentante risaraldense Dídier Burgos y el congresista quindiano Luciano Grisales Londoño. Según Grisales Londoño, ponente del proyecto en la Cámara, en donde ya surtió los dos debates de ley, el proyecto fue modificado por la ponente del proyecto en el Senado y de aprobarse, tal como está, sería un saludo a la bandera.

Varias son las preocupaciones sobre las modificaciones introducidas al texto por la coordinadora ponente en la cámara alta, la senadora Maritza Martínez Aristizábal, una de ellas tiene que ver con haberle quitado al proyecto la condición de importancia nacional y estratégica, y lo otro la permisividad y pasividad de este nuevo texto frente al uso de agroquímicos.

La iniciativa parlamentaria, como originalmente fue planteada, buscaba declarar de interés nacional la protección de los polinizadores, promoviendo su conservación y apuntando a garantizar un ambiente sano para estas especies. Se trataba de una estrategia para avanzar en la garantía de la seguridad y soberanía alimentaria del país y la conservación del ecosistema, que se desprende de la importancia del servicio ecosistémico que estas especies realizan. Además, el proyecto buscaba fomentar y formalizar la cría de abejas y de la apicultura en el país. Eso es lo que, a criterio del coordinador ponente quindiano y de los apicultores del país, se puede perder si los senadores deciden aprobar el proyecto tal como se encuentra en este momento. 

La amenaza que tiene las abejas no es infundada, un estudio ha descubierto que estos insectos —ahora en peligro de extinción— se sienten atraídos por el néctar que contiene pesticidas y que les hace daño; otra investigación, publicada en la revista Nature, afirma que el abejorro común y la abeja europea no son capaces de detectar, y por ende no pueden evitar, la presencia de los tres pesticidas neonicotinoides más comunes. Está confirmado que los pesticidas neonicotinoides tienen efectos negativos en la búsqueda de alimento de las abejas y en la salud de sus colonias.

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