Viernes, 21 Sep,2018

Opinión / JUL 30 2018

Nada en el horizonte

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Las esculturas que acompañan al libertador en la plaza Bolívar de Calarcá pintadas de dorado como si fueran para carnaval, constituyen una buena alegoría de la realidad política regional: esa realidad sustancial quindiana tan rica en manifestaciones paisajísticas y culturales de todo orden, centradas especialmente en su gente, desdibujada hoy por el oropel mentiroso de nuestra vida política, por esa pátina que cubre de dudoso dorado los propósitos, los valores y los sueños que deberíamos defender como sociedad.

Desfilan los políticos, se suceden los gobiernos, languidecen las promesas y por más que logremos empinarnos poco se ve en el horizonte. Seguramente el paso por el desierto que continuamos atravesando desde cuando, por intereses personalísimos, nos hicieron creer que éramos una región que merecía autonomía y hoja de ruta propia, nos ha descompuesto las esperanzas y desbaratado las percepciones de lo que éramos y lo que queríamos ser.

Es la vileza de una clase política mezquina, sin escrúpulos, capaz de convertir una oportunidad espléndida en un espectáculo siniestro, de ahogar en un mar de vanidades la ilusión colectiva de cambio. Es cierto que en estos tiempos en el Quindío pretende tomar el relevo una nueva casta política, casta también infame, sin distinción de ideologías, ¡cuales ideologías!, pegadas a la ubre del presupuesto público, como las otras, profesionales del carameleo y el cuento chino, amos de un tinglado regional hecho a su medida.

La política se convirtió en un caldo pútrido que ha empapado a toda la sociedad, aquí mienten ciertos empresarios que no son más que negociantes disfrazados, mienten los gremios cuando lo que buscan es auspiciar candidatos in-pectore, miente el elector que medra con la complicidad de una sociedad indiferente, acrítica, apoltronada y peligrosamente analfabeta que solo se acuerda de Santa Bárbara cuando ya tiene ‘el ojo afuera’.

No es sino ver los candidatos de ahora y los del año entrante, ‘galanistas’ de Luis Carlos, convertidos en ‘oviedistas’ de Carlos Alberto, malabaristas, sin hígados, de las relaciones públicas que ahora posan de filántropos, Sandra ‘paolistas’ de ayer, ‘valencistas’ hoy, burócratas de profesión, cómplices consuetudinarios de las viejas estructuras que hoy fungen como renovadores, convencidos que esta, como otras veces, nada va a cambiar.

Administraciones que llegan sin ningún interés en combatir esquemas de privilegios que rechazamos todos, las roscas todopoderosas de gobernadoras y alcaldesas, que terminan por adscribirse a uno de esos grupos de poder o, peor, crean su rosca propia. Los demás, los sectores independientes y alternativos enzarzados en las eternas disputas domésticas, mientras el lobo se come a todos los corderos.

Las criticadas estatuas doradas de Calarcá, ahora entiendo todo lo que pueden significar. Falta que les vayan poniendo las guirnaldas, las estrellas brillantes y los moños de colores para ir preparando la Navidad.

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