Martes, 18 Sep,2018

Opinión / AGO 16 2018

Nos están matando

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Ser líder social, defensor de derechos humanos, enemigo de la injusticia resulta ser más peligroso que un jarabe de cianuro, nos quieren silenciar, nos quieren callar, por pertenecer a un grupo de personas que su objetivo principal es construir una Colombia justa y en paz; parece ser que la batalla se está perdiendo ya que son miles de amigos y colegas, los cuales por pensar diferente, desde sus tumbas su voz silenciosa reclaman justicia.

A Colombia la plaga de la corrupción se la está tragando, mentes oscuras, mentes criminales y manos de sangre, los cuales por sus intereses particulares no les importa, las madres, las esposas, las familias y el dolor de un niño tener que despedir a su padre en las orillas de una tumba fría y desolada, ya que su cuerpo inerte no podrá volver a darle la bendición, solo el recuerdo de la voz de su padre será inmortal para la mente de aquel chiquillo.

Por qué tanto problema para hacer lo correcto, ¿es demasiado pedir hacer el bien?, todos tenemos una conciencia la cual es la primera que nos acusa sobre nuestros actos, pero al parecer la concupiscencia de estos verdugos cauterizada se encuentra.

No más dinastías de poder oscuro que silencien la voz de los justos, ni una sola muerte más a inocentes que reclaman la paz, la palabra clave es respetar la democracia vivida con sinceridad, con coraje, entendiendo que Colombia es más que una noticia criminal, Colombia es más que un delincuente persiguiendo la muerte de un inocente, somos más que un pueblo, una Nación con un corazón fuerte y nunca nos cansaremos de reclamar justicia, incluso matándonos, siempre nacerán los que aman la democracia, la verdad y la paz, pero una paz justa, no un disfraz de paloma con sangre a su paso.

Dejo esta frase de Jorge Eliécer Gaitán, asesinado por pensar diferente, del cual me proclamo como seguidor y amante de su doctrina, en una simetría a nuestro padecimiento.
“Señor presidente, bajo el peso de una onda emoción me dirijo a vuestra excelencia, interpretando el querer y la voluntad de esta inmensa multitud de líderes que esconde su corazón lacerado por tanta injusticia bajo un silencio clamoroso para pedir que haya paz y piedad para la patria; señor presidente, aquí no se oyen aplausos, aquí solo se ven banderas negras que se agitan, bien comprendéis que un pueblo que logra esto muy fácil podría proceder al estímulo de su legítima defensa”.

“A los hombres los podrán silenciar, pero sus ideas no”, Luis Carlos Galán.
 

Jéfferson Steven Perdomo

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