Miércoles, 26 Sep,2018

Opinión / JUN 05 2018

Odio a los indiferentes

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Odio a los indiferentes, editado por el sello Ariel, es una selección de artículos y discursos de Antonio Gramsci, pensador y político italiano sacrificado por el régimen de Mussolini en 1937, publicados por primera vez en 1917, cuando su autor contaba con apenas 26 años y un puesto de periodista en un diario de Turín. Es un librito crudo e inspirador, un bálsamo en la lucha contra la apatía y el importaculismo ciudadano frente al poder corruptor y coartador del establecimiento. Gramsci odiaba a los indiferentes. Entendía que vivir equivalía a tomar partido. Que, quien verdaderamente vive, no puede dejar de ser ciudadano ni de tomar posición. Escribió: “La indiferencia y la abulia son parasitismo, son cobardía, no vida. Por eso odio a los indiferentes… La indiferencia es el peso muerto de la historia.

La indiferencia opera potentemente en la historia. Opera pasivamente, pero opera. Es la fatalidad; aquello con que no se puede contar. Tuerce programas, y arruina los planes mejor concebidos. Es la materia bruta desbaratadora de la inteligencia. Lo que sucede, el mal que se abate sobre todos, acontece porque la masa de los hombres abdica de su voluntad, permite la promulgación de leyes que solo la revuelta podrá derogar; consiente el acceso al poder de hombres que solo un amotinamiento conseguirá luego derrocar. La masa ignora por despreocupación; y entonces parece cosa de la fatalidad que todo y a todos atropella: al que consiente, lo mismo que al que disiente, al que sabía, lo mismo que al que no sabía, al activo, lo mismo que al indiferente. Algunos lloriquean piadosamente, otros blasfeman obscenamente, pero nadie o muy pocos se preguntan: ¿si hubiera tratado de hacer valer mi voluntad, habría pasado lo que ha pasado?...”. ¡Cuánta vigencia cobran las palabras de Gramsci en la Colombia de nuestros días! ¡Cuánta exactitud, cuánta objetividad! En nuestro país pasará lo que tenga que pasar, y cada uno de nosotros tendremos que cargar culpas y aceptar consecuencias. Porque negar que nos acercamos peligrosamente a la implantación de un régimen dictatorial de ultraderecha en nuestro territorio, es un acto de cinismo y complicidad imperdonables. Porque promover el voto en blanco, justo ahora, despierta, por decir lo menos, sospechas. Yo, por ejemplo, sospecho que las tareas acometidas por el señor Fajardo en esta contienda electoral fueron encomendadas por el señor Uribe. Que los llamados fajardistas, sabrán ellos qué querrá decir el improvisado adjetivo, son, en la práctica, uribistas vergonzantes. No trataré de convencer a nadie de las bondades de elegir al señor Petro como presidente de la República. A mi juicio es la mejor opción del momento, punto, lo otro sería un desastre. Lo que sí quiero es invitarlos a leer Odio a los indiferentes. Comprobarán que el tiempo pasa, pero todo sigue igual. 

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