Jueves, 13 Dic,2018

Editorial / JUL 11 2018

Otra corrupción

Saquear al herido, como ocurre con la valorización, es provocar la muerte a la posibilidad de que haya alguna alternativa y solución para que definitivamente este mal, hecho a la ciudad por unos pocos corruptos, no sea mayor, y menos, una pena colectiva sin ruborizarnos.

Otra corrupción

El tema de valorización apenas despunta. Aún están por dirimirse asuntos propios de la contribución producto de los enfrascamientos jurídicos que siguen su trámite y que cotejan permanentemente pareceres jurídicos, ya por pronunciamiento del Tribunal Administrativo del Quindío, ya por denuncias en curso y desde luego la ya desplegada investigación por corrupción y presunta corrupción de una serie de funcionarios pertenecientes a las últimas dos administraciones.

Ahora, con la cresta de la ola ahogando el horizonte de la ciudad, brotan los debates y con ellos las voces críticas, severas y examinadoras, que hasta hace poco y mientras que no había estallado la crisis, permanecieron en silencio. El panorama es gravemente incierto, pero según juristas especializados las contribuciones se deben seguir haciendo y las trenzas jurídicas tendrán que desatarse y encontrar un camino legal que recupere el curso del conjunto de obras, entre otras cosas, porque fue una promesa de valor a la ciudadanía y debe cumplirse hasta donde se pueda y siempre con el apalancamiento de la ley y la justicia.

Lo que no puede permitirse mientras que se resuelven los entuertos jurídicos y se despeja el camino para retomar las obras, repetimos: no se puede permitir, que otro tipo de corrupción —no por menor deja de ser corrupción— como el robo de materiales de los frentes de trabajo en ejecución, o en desarrollo o en pendiente. Robarse las obras grano a grano, hierro a hierro, tubo a tubo y pedazo a pedazo, es el más triste reflejo que el hampa menor recibió de la mayor, pero al fin y al cabo hampa.

No puede darse un populismo o caudillismo delincuencial, cuando algunos ladrones empiezan a saquear las obras bajo el prurito que si otros robaron ellos pueden robar también. No puede ser que un mal se intente curar con otro mal. No porque el ejemplo sea malo debemos seguirlo o acatarlo. La defensa de lo público, literalmente nos compromete y obliga a evitar que sobre la incertidumbre algunos hagan pantano como si no fuera suficiente lo que le está pasando a la ciudad.

Los denominados robos menores a las obras o frentes de obra de valorización, no solo debe combatirse con sistemas de seguridad que vigilen y controlen en sitio, tiene que ser una expresión solidaria y decente de los armenios, que con todo y lo malo que pasa, no pueden permitir que el mal crezca bajo la complacencia indiferente de los que ven y creen que no es con ellos.

Defender lo nuestro, lo propio, lo contribuido y lo por contribuir, tiene que ser una acción sólidamente ciudadana, de vecindario, de barrio y en últimas de ciudad. No se puede permitir que haya una especie de ‘desvalijamiento’ de lo público, solo porque a unos pocos nunca les pareció que esos recursos eran ‘sagrados’. La defensa de lo nuestro y de lo construido es quizás el primer paso para notificar a los corruptos que sus faenas no tendrán cierre con broche de oro mientras la comunidad defienda lo que le pertenece; y denuncie y se castigue lo robado.

Claro que la administración municipal y la policía deben establecer los derroteros de seguridad pertinentes y garantizar que estos robos no sigan creciendo. Saquear al herido, como ocurre con la valorización, es provocar la muerte a la posibilidad de que haya alguna alternativa y solución para que definitivamente este mal hecho a la ciudad por unos pocos corruptos, no sea un mal mayor, y menos, una pena colectiva sin ruborizarnos.

 

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