Jueves, 22 Ago,2019
Opinión / MAY 22 2019

Paz con justicia

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

A quienes en ocasión anterior, y ahora —cosa extraña­ con motivo del caso JEP-Santrich, me han enviado el fatigado texto de William Ospina, Al final; gracias por el remitido.

En discrepancia con el lucido tolimense, sumado a la mayoría de colombianos, yo me situé para siempre y sin enmienda en el bando de quienes queremos la paz, la valoramos en su complejidad, la amamos y preservamos, pero sin resignar la justicia a su nombre o bajo su pretexto. Hace tiempo, tras confrontar conceptos ajenos divergentes, principios adoptados a través de mi personal criterio y episodios históricos en los cuales se intentó obviar la justicia positiva, anclé en esta convicción, a diario reforzada con los hechos: sin la aplicación estricta de normas que rigen la convivencia civilizada, es imposible concebir, menos construir, una sociedad digna, armónica y funcional. Colombia ha sido por muchas décadas, el país del atajo, de la malicia indígena, de avivatos y ‘abejas’, del truco y la maña. Somos dados a los caminos cortos, fáciles, aún si al optar por estos pisoteamos al otro, arrasamos con él, violando leyes o derechos ajenos. 

Estamos en la más grave encrucijada ética de nuestra historia. Es hora, creemos, de decir ¡basta! No más abusos, no más excepciones, negociaciones ni amnistías, no más pasar páginas sangrientas olvidando, ignorando, premiando el delito y al delincuente, en detrimento de quien observa la ley, de quien respeta el país y a sus semejantes. Recordarán lo ocurrido cuando en tiempo anterior e infeliz, un capo de capos doblegó nuestro Estado negociando, imponiendo normas constitucionales, erigiendo su propio palacio penitenciaría, empleado luego como sitio de torturas, ejecuciones, cremaciones, con el único resultado del menoscabo de la autoridad, de la exacerbación del crimen. Qué rápido olvidamos y qué mal procesamos los embates del terror, apodados ‘conflictos’. La solución, lejos de resignar la ley y la justicia es aplicarlas sin preferencias, excepciones o concesiones. 

La mayoría de compatriotas nos oponemos con vehemencia al entreguismo, a la capitulación; no aceptamos que se trance con la impunidad, con la corrupción, el narcotráfico, la minería ilegal, etc. Esperamos que la autoridad policial y civil, con el apoyo ciudadano, preserven la justicia como bien supremo, fundacional, de la sociedad. Somos sordos a los cantos de sirena de Ospina y de neopacifistas de ocasión, a quienes seducen la impunidad, premios y prebendas para autores contumaces de delitos contra la humanidad, como alternativa única para finiquitar falsos conflictos. En nuestro sentir, no será este, jamás, el camino correcto hacia la anhelada paz. ¿Delinquió el militar? Que se juzgue, se condene y cumpla pena. ¿Lo hizo el civil, el político, el subversivo? ¡El mismo trato para ellos! Todos a cumplir la ley, a cuidar la paz, vacunándonos contra los amenazantes predicadores de sociedad sin justicia.


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