Martes, 20 Ago,2019
Editorial / ABR 17 2019

Penitencia política

La Semana Santa debería contribuir en su noble esencia y reflexión a que el domingo sagrado de Resurrección sea punto de partida para que también ‘resucite’ una nueva forma de hacer política en la cual la plata no tiene por qué resolverlo todo, ni la mermelada, ni el constreñimiento electoral.

Y desde mañana se sumerge en su más trascendental expresión la Semana Mayor. Jueves y Viernes son días determinantes en el ejercicio de la fe católica y estas jornadas conllevan normalmente a las más serias y profundas reflexiones y contricciones, sobre todo cuando se quiere emprender acciones de alto impacto como para servir y ayudar a la gente.

El poder de la palabra bíblica suele contrastar con el poder de la palabra política. Normalmente el desprestigio, producto de la politiquería, la corrupción y otro sinnúmero de prácticas ha hecho que la gente pierda la confianza en quienes pretenden llegar a regir los destinos de sus territorios. Independiente de credos y estados espirituales de cada quien, sí debe ser tiempo para revisar las agendas políticas y atenuar lo que deben ser los abordajes de realidades y cuadros problémicos sobre los cuales la gente espera respuestas contundentes. Debe entenderse entonces qué respuestas son en política propuestas, alternativas y soluciones que ayuden en serio a restaurar la credibilidad en la institucionalidad y a recuperar la confianza en quienes orientan lo público, para que se quite la idea de que todo el que aspira y llega al poder es ‘bandido o bandida’.

Estos días santos han de servir a candidatos, candidatas, candidaturas y a quienes están animándose a aspirar para que en confesión real y sincera—ya sacramental o ya personal— consignen las páginas de su conciencia y en la luz moral que les marque el camino hacia octubre, propuestas cumplibles, verificables, decentes y que se puedan sostener en los pilares de la honestidad tan erosionados en los últimos tiempos. 

Penitencia política de los partidos tradicionales que han permitido que pervivan las retomas de activismo político en cabeza de quienes han sido suficientemente cuestionados por actuaciones anteriores. Penitencia política puesta en la confesión de tantos y tantos pecados que pasan por el robo simple, el concierto para delinquir y el establecimiento de carteles y mafias de contratación que mucho daño le han hecho tanto a Armenia como al Quindío.

Penitencia política para nuestros gobernantes que todo el tiempo dicen, subrayan y advierten que no se meten en política, pero cuya realidad señala que no se meten porque hace rato están metidos y empiezan a cocinar candidaturas que se parezcan a las extensiones y sucesiones de poder que les permita blindar sus gestiones y posteriores repercusiones.

Penitencia política para los que poco han trabajado en estrategia y pedagogía política y le huyen al puerta a puerta y al cara a cara por temor al insulto y al justo reclamo en la inconformidad ciudadana, y aquellos que empiezan a construir alternativas que puedan ser capaces de derrumbar los emporios de la politiquería y sus gamonalatos con pretensión eterna. 

La Semana Santa debería contribuir en su noble esencia y reflexión a que el domingo sagrado de Resurrección sea punto de partida para que también ‘resucite’ una nueva forma de hacer política en la cual la plata no tiene porque resolverlo todo, ni la mermelada, ni el constreñimiento electoral. Debe sobrevenirse un tiempo en el cual aparezcan líderes con la capacidad de incidir desde ideas claras, propuestas serias y alternativas decentes como para que de una vez por todas se le ayude a quitar tanta costra de corrupción al ejercicio de lo público.

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