Domingo, 18 Nov,2018

Opinión / MAY 15 2018

Pensar

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Me pregunto si pensar es una simple actividad mental de nivel superior o la más dura empresa a la que pueda enfrentarse el ser humano. Si es una actividad consciente o un reflejo inadvertido entre nosotros.

Si asegurar que hombres y mujeres somos pensantes por naturaleza configura un acto de fe, de arrogancia o de condescendencia. Los que saben, o dicen saber, definen el pensamiento como una actividad creativa que implica considerar al ser humano como un ente buscador de conocimiento en permanente autoconstrucción. De esta definición tan simplista y a la vez tan democrática me surgen dudas, pues las grandes tragedias de la humanidad, por sí mismas, dan cuenta de que no todo ser humano, por el hecho de serlo, tiene la capacidad de pensar. Debo decir que a estas alturas de la vida no tengo certeza de lo que realmente significa el término. Nociones, sí, desde luego, algunas ideas, pero no una definición clara del mismo. Se me viene a la cabeza que pensar sería, por ejemplo, idear o acoger la fórmula pacífica de internacionalizar el respeto. O crear el mecanismo justo de socializar los medios. O encontrar en el diálogo la herramienta precisa para generar acuerdos. Seres humanos como Platón, Aristóteles, Sócrates, Descartes, Spinoza, Voltaire, Hume, Rousseau, Kant, Marx, Nietzsche, y tantos más que por obvias razones no puedo mencionar en este espacio, probaron, a ciencia cierta, que pensar es como la riqueza en el mundo: un privilegio al que solo logran acceder unos cuantos sujetos de nuestra especie. Porque distinto a pensar es contar con la capacidad de maquinar, calcular, urdir, mentir, eso lo hace cualquiera. Maquinan, calculan, urden y mienten, entre otros, presidentes y expresidentes, congresistas, gobernadores, alcaldes, fiscales, togados, pastores, periodistas, etcétera. Voy a lo práctico: si alguien llamado, digamos H.H., jura y perjura que un hombre como, digamos Iván Duque, es capaz de pensar por cuenta propia, que no repite como lora el libreto aprendido en su militancia, y que por ende posee las cualidades necesarias para llevar las riendas de un Estado desbocado como el colombiano, uno puede concluir, en primer lugar, que H.H., como mínimo, no sabe lo que dice. Y en segundo que, definitivamente, el objetivo primordial del partido político al que  el señor Duque representa es, a todas luces, la anulación absoluta del sentido común de sus fieles como fórmula de ascenso y detentación perenne del poder. Ni los geranios florecen en los campos de batalla ni las ideas medran en los eriales de la historia. El cuento aquel de cargarle las maletas al caudillo de turno, sea de izquierda, derecha o centro, enceguece e idiotiza. Me parece que a Usted y a mí nos hace falta entender qué significa pensar. Después, podremos dedicar lo que nos queda de vida a intentarlo.

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