Domingo, 18 Nov,2018

Opinión / SEP 01 2018

Pequeños poderes

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En el país imaginario de Pederastinea, referenciado el sábado pasado con el tema de democracia para lo profundo, en un colegio cualquiera, los estudiantes acostumbraban en secreto reunirse para conformar lo que ellos llamarían ‘el consejo estudiantil’. Aterrador fue para el rector de la institución que algunos educandos hicieran uso de una organización escolar para intentar cogobernar. Luego, no se hizo esperar una nota del rector advirtiéndoles a los padres de familia que sus hijos vienen teniendo ciertos “comportamientos extraños, pero que las directivas de la institución iban a tomar las medidas correctivas”. 
 

Ocho días después, en reunión de la junta directiva del colegio, se aprobó por mayoría instalar cámaras de seguridad para vigilarlos. 

El grupo de estudiantes sabía de ello. Sin embargo, aunque estaban vigilados, no fueron razones suficientes para no continuar con la tarea de proponer algunos cambios fundamentales. Cambios, por ejemplo, que se buscara otra forma de calificar el progreso académico de los estudiantes, es decir, que se eliminaran los exámenes argumentando que “los números no son la medida del éxito”. 

Fueron risas y burlas contra dicha propuesta.

Una segunda nota de advertencia emitió el rector a los padres de familia considerando como “irracional” la propuesta de sus hijos, y añadió: “no sobra decir respetado padre de familia, que su hijo se encuentra en buenas manos. Promovemos las buenas costumbres y la mejor educación para el progreso de toda la nación”. 

Ante el hecho de pertenecer a una sociedad con prejuicios, políticamente cerrada, los estudiantes del consejo estudiantil, en complicidad con el profesor de filosofía, y casi en la clandestinidad, construyeron un periódico libre con el fin de hablar de cosas prohibidas. Eran ellos contra el mundo. Y escribieron, después de la consulta popular, que el problema de la corrupción no consiste en que haya corruptos, sino que tenemos una sociedad que lo permite. 

Escribieron también en el periódico —días después censurado desde la rectoría—, que se creara la cátedra de democracia libre, y así, los estudiantes pueden adquirir la capacidad de entender la cultura política de su entorno y participar de las instituciones. Se trata de pedagogía democrática, y de ello depende que las nuevas generaciones adquieran más conciencia del papel que tienen para evitar la conducta moral injusta que socava las instituciones de la sociedad en perjuicio de la mayoría. 

Es con los estudiantes que se debe de construir pequeños poderes. También capacidades, para la vida plena en sociedad. Capacitarlos para ganarse la vida. Los personeros estudiantiles, sobre todo, son la semilla que se debe de cuidar, porque son ellos, los nuevos dirigentes en formación que coadyuvará a superar el prejuicio local. 

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