Martes, 20 Nov,2018

Opinión / SEP 05 2018

Pérdida del deseo, escalón anterior a la depresión

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En ocasiones pensamos que necesitamos de muchas cosas para llegar a la felicidad y sentirnos bien, creemos que necesitamos dinero, cosas materiales, parejas, amigos, relaciones, reconocimiento o éxito, tal vez esto es algo que nos enseñaron desde la niñez. Muchas veces nuestros padres o familiares decían: “Debes estudiar para ser alguien en la vida, tienes que ser el mejor, debes tener muchas cosas, debes conseguir y salir adelante”.

Tal vez cuando criamos hijos inconscientemente los metemos en una carrera capitalista en busca del éxito. Cuando las familias tienen carencias económicas generan creencias donde enseñan que algunos elementos, la tecnología, un televisor, unos tenis pueden ser un motivo de bienestar. Cuando las familias tienen más capacidades la creencia se da frente a inversiones, reconocimiento personal, tierras o vehículos.

La no consecución paulatina de alguno de estos parámetros culturales o familiares, va generando gradualmente una crisis emocional y en muchos casos frustración. Algunas personas califican su vida de forma negativa cuando no logran algún avance o se sienten estancados, algunos niños generan frustraciones grandes por sentir que no tienen lo que desean, se sienten realmente mal cuando no pueden tener un videojuego o no consiguen el último celular.

Muchas personas en la sociedad asumirían lo anterior como algo ilógico y difícil de entender: “Se deprimió por tan poco, se suicidó teniendo tantas cosas para ser feliz”. El problema realmente está en la calificación de las cosas que nos suceden o las carencias que creemos que tenemos, para los niños puede ser realmente importante para su felicidad el hecho de tener el celular que tienen los otros o ir a la fiesta con sus compañeros, para el adulto puede ser realmente importante y necesario tener un carro o un apartamento, ya que sus amigos lo han conseguido.

Lo cierto de todo esto es que en gran medida todo es causado por una serie de pensamientos que nos alejan de nuestra felicidad, estos pensamientos se hacen mucho más fuertes cuando son reforzados por la cultura del qué dirán y pueden generar la pérdida del deseo.

Desligarnos de estos pensamientos es una práctica sana, no quiere decir que no tengamos proyecciones y que no soñemos, lo que debemos plantear es la posibilidad de generar pensamientos más aterrizados, donde empecemos a ser felices con nosotros mismos, entendiendo que no son necesarias muchas de esas cosas para nuestra felicidad. 

En el caso de los niños en enseñarles a disfrutar con lo que tienen y no siempre comprar todo lo que solicitan porque perderían ese deseo natural por obtener algo, en la mayoría de los casos valoramos algo cuando realmente nos cuesta y generamos procesos de tolerancia a la frustración cuando debemos esperar o entendemos que no podemos conseguir lo que queríamos.

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