Jueves, 25 Abr,2019
Opinión / SEP 27 2018

Petro prologó libro de ex-M19

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Gustavo Petro Urrego hizo la introducción al texto titulado Historia (privada) de la violencia, con 336 páginas de su camarada corredactor de la Constitución del 91 Otty Patiño, exguerrillero de derecha bugueño setentón. No cuenta la masacre de trescientos mil colombianos, sino lo que decían en el hogar quienes gobernaban después de 1948.

Petro, excandidato presidencial, plantea que la oligarquía colombiana carece de un proyecto de Nación diferente al de conservar el poder para transmitirlo a sus hijos. Es un grupito dirigente que cogió la autoridad y no la suelta, incapaz de modernizar el país y hacerlo democrático, nos condenó a la violencia hace 70 años. 

Como perdieron la vocación de liderazgo por la política pequeña, Lleras y Echandía, jefes liberales, frente al asesinato de Jorge Eliécer Gaitán en abril 9 de 1948, solo acordaron puestos en el gobierno del nieto y sobrino de expresidentes Mariano Ospina Pérez (1946-1950).

Mariano traicionó el pacto liberal, hundió el país en un charco de sangre y la bancada conservadora mató parte de la liberal mayoritaria en el Congreso. 

En 1949, Ospina, primero se autogolpeó, declaró el Estado de sitio, cerró el Congreso, censuró la prensa y sin decirlo mudó en tirano. La dirección Liberal, como las ratas, cómodamente abandonó el país. Con este golpe Mariano pudo dejar a Laureano Gómez en la presidencia y convocar una constituyente. En seguida, mediante otra ruptura del orden constitucional —que en realidad la produjo su mujer Bertha Hernández de Ospina— tumbó a Gómez, convirtiendo en dictador al general Gustavo Rojas Pinilla. 

La constituyente de Laureano presidida por Mariano, legitimó el coscorrón antidemocrático de Rojas que desalojó a Gómez, reconociéndolo presidente. Ospina golpeó dos veces: la primera contra ambos partidos; con la segunda sacó a Gómez y se expulsó él mismo porque Rojas lo traicionó. 

En el Frente Nacional (1958-1974) los dos partidos alternaron repartiéndose el mando, volvieron permanente el estado de sitio, el presidente Carlos Lleras en abril 19 de 1970 aliado con descendientes políticos de Ospina le robó las elecciones a Rojas Pinilla y eligió a Misael para seguir mandándonos. Los partidos tradicionales hoy deberían arrepentirse de esas cochinadas, pedir perdón, a fin de no repetir la historia. Los chulavitas de antes son paramilitares actuales en una no democrática, “sociedad de control” como dice Michel Foucault (pág. 14).


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