Domingo, 23 Sep,2018

Opinión / AGO 30 2018

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Hace sesenta años fue publicado el tratado de la argumentación o nueva retórica de Chaïm Perelman y Lucie Olberts-Tyteca, obra que buscaba afanosamente rescatar la capacidad de argumentar de los ciudadanos dentro de una democracia que se hundía en las ruinas después de dos guerras mundiales.
 

Los autores acuciosamente intentaban resolver preguntas que señala Perelman en su imperio retórico: “¿Cómo se puede razonar sobre valores? ¿Existen métodos, racionalmente aceptables, que permitan preferir el bien del mal, la justicia de la injusticia, la democracia de la dictadura?”

El viaje, que duró diez años por la historia de las ideas, los llevó hasta Aristóteles, quien sistematizó una retórica basada en lo que los pueblos habían aportado a esta disciplina. 

Por ejemplo, se cuenta que en Siracusa, Gelón y su sucesor Hierón I, expropiaron las tierras a los ciudadanos para adjudicárselas a miembros de su ejército personal. Restablecida la democracia provocó una serie de pleitos en los que se manifestó la importancia de la elocuencia o arte de hablar persuasivamente para conseguir las propiedades perdidas. 

Coráx, el siracusano, elaboró un sistema de comunicación para argumentar ante la asamblea política o ante los tribunales con fines claramente persuasivos, que se puede considerar el primer tratado de retórica. Y Tisias un discípulo suyo, lo divulgó por Grecia. Así nació parte de la retórica de Aristóteles, que Perelman y Tyteca rescataron como nueva retórica; por eso dice Perelman que la retórica va desde Córax a nuestros días.

Ahora Michael Meyer alumno y continuador de la obra, en el 2008 publicó el libro Principia Rhetorica donde ahonda sobre esta gran posibilidad de darle a la democracia una herramienta que fundamente la justicia mediante técnicas argumentativas permitiendo la construcción de un auditorio crítico. Ya que una democracia sin opinión es nula y la opinión sin democracia es vacía.

Esta nueva perspectiva llegó a nuestro país desde Bélgica de la mano del profesor Adolfo León Gómez Giraldo quien nos presentó la traducción de Julia Sevilla Muñoz y, a través de libros, conferencias y clases magistrales el profesor Gómez divulgó este importante y poderoso instrumento.

Cuánto bien haría a la democracia que parte de la reparación a los campesinos, que se encuentran en una situación similar a los habitantes de Siracusa de ese entonces, se les preparara para que aprendieran a reclamar con argumentos sus derechos.

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