Jueves, 23 May,2019
Opinión / NOV 29 2018

Pocas se salvan

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La universidad pública forma profesionales para servir al país, le dijo a su amigo. Entonces por qué en el desempeño laboral hacen otra cosa, olvidan los objetivos formativos, responde. Compa, la relación entre formación y desempeño se puede resumir así: la universidad los forma y la sociedad los corrompe.

Los cargos oficiales a nivel local, regional o nacional son ocupados por profesionales titulados, pero resulta paradójico que mientras las universidades desarrollan actividades docentes para fortalecer valores de ética y humanismo, el interés económico con que se mueven las empresas e instituciones los transforma en corrupción.

En el Proyecto Educativo Institucional, PEI, página 17, la universidad del Quindío propone que en la dimensión Aprender a Ser se “consolidan valores tradicionales como: honestidad, justicia, respeto y responsabilidad, que orientan las acciones; y se potencian las capacidades y la calidad humana, social y cultural”. Similar propósito considera el PEI de la universidad Tecnológica de Pereira cuando afirma en la página 26: “Formar pensamiento crítico, referido a la reflexión social y epistemológica de los grandes problemas del mundo contemporáneo —violencia, hambre, deterioro del medio ambiente, corrupción, entre otros—. Así se aporta a la formación integral y al compromiso con la ciudadanía, la democracia y la sostenibilidad ambiental”. Uno de los 12 propósitos del PEI, universidad de Caldas, dice, página 17, “Servir al país y a la sociedad, imprimiéndole a sus acciones un sentido ético y social que prime sobre cualquier interés particular”.

Si las universidades tienen su PEI, ¿por qué la diferencia entre tipo de formación y desempeño laboral delincuencial? Basta con observar los resultados del estudio Transparencia por Colombia para entender algunas razones. Evaluó 85 instituciones nacionales oficiales y las 32 universidades públicas por medio del índice de trasparencia a través de 3 factores: visibilidad, institucionalidad, y control y sanción. Estableció 5 rangos de riesgo en corrupción: bajo, moderado, medio, alto y muy alto, con puntajes de 0 a 100.

Dada nuestra inhumana y dolorosa situación, pocas instituciones se ubicaron en el índice bajo, la gran mayoría están en riesgo medio, alto y muy alto de ser corruptas. El MEN y la Contraloría General están en riesgo moderado con puntajes de 79.2, puesto 10, y 74.7, puesto 19, respectivamente. La universidad del Quindío, puntaje de 73.2, está en riesgo medio, por encima de Icetex, 72.4; ministerio de Cultura 67.3; Fiscalía General 62.5 y Colciencias 61.2.

Entre las 32 universidades, la de Caldas ocupó el puesto 4, índice medio, 73.1 y la universidad Tecnológica de Pereira puesto 6, índice 66.7. Con puntaje de 59.7, puesto 20, la de Sucre inicia, para las universidades, el alto riesgo de ser corruptas y la de Córdoba tiene muy alta probabilidad de serlo con puntaje de 48.3. Por encima del Senado que se lleva todos los honores en corrupción, ocupó el lugar 84 entre 85 instituciones, con puntaje de 45.4, riesgo alto.

El esfuerzo formativo universitario choca contra la realidad de un modelo económico que privilegia la ganancia, el enriquecimiento fácil y la desigualdad.


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