Lunes, 24 Sep,2018

Opinión / ABR 05 2018

Política, ciudadanía y expresión religiosa 

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Desaparecer de la sociedad y de la política todo aquello que tenga alguna relación con la religión, es el núcleo esencial del laicismo. Es diferente de la laicidad, que busca la separación entre el estado y la religión para el gobierno de los asuntos públicos. Por el contrario, la primera corriente sostiene que cualquier persona, por el único hecho de poseer determinada creencia religiosa, debe ser excluida de la esfera pública, impidiéndole el ejercicio y la garantía de sus derechos ciudadanos a participar en las decisiones, votar o ser elegida.

Aunque se trata de una tesis con presencia mundial defendida por algunas personas y autoridades prestigiosas, en su esencia desconoce el respeto y el pluralismo, bases sobre las cuales se construyen y sustentan estados y sociedades incluyentes. 

En el caso colombiano, si bien algunos sectores perciben la participación política de las diferentes expresiones religiosas como un ataque a la democracia, la realidad es que esa misma participación es producto de la apertura democrática. En el país, esta discusión debe reconocer que en la sociedad coexisten múltiples formas de pensar y, además, variados sentimientos religiosos. Por lo tanto, esta realidad del ser humano, no se puede confundir ni asemejar a un impedimento, o prohibición, para participar en actividades políticas. 

El planteamiento es muy sencillo: pertenecer a determinada confesión religiosa no implica la renuncia al ejercicio de ciudadanía, sus derechos, ni deberes. Toda persona, independientemente de la religión que profese o, aunque no tenga alguna, es al mismo tiempo, un ciudadano y como tal, tiene derecho a opinar en política, ir a las urnas, o defender el modelo de sociedad que considere mejor.

Así, se observan tres formas de consolidar este trabajo en el campo político. Una opción, es que el líder religioso acuda a un partido en busca del aval respectivo. Otra, es la conformación de partidos políticos ‘confesionales’. Y, una tercera forma es la que representa el partido político Mira: reconoce su origen cristiano, al tiempo que promueve leyes, iniciativas y trabajo para todas las personas sin distinción alguna, sin preguntar a nadie cuál es la religión con la que se identifica, o si no posee creencias particulares.

Entonces, cuando hay respeto a las creencias de cada cual, o a la ausencia de ellas, es posible trabajar juntos, construir y avanzar como sociedad en términos democráticos.

@Baena

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