Domingo, 22 Sep,2019
Opinión / MAY 23 2019

Popper, el filósofo de la ciencia

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El libro Lógica de la investigación científica, del filósofo de la ciencia Karl Popper —1902-1994— analiza el problema de la inducción, critica el positivismo lógico y presenta su método falsacionista apartándose de todos los pensadores anteriores.

El imperio austro-húngaro cayó como un castillo de naipes en 1918 al finalizar la Primera Guerra Mundial; surgieron varios estados, entre ellos Austria, y Viena su capital, siguió siendo una metrópoli cultural hasta la década de 1930, cuando fue absorbida por los nazis; en ese ambiente se formó el joven vienés Karl.

La filosofía de la ciencia es una forma de epistemología reflexionadora sobre la naturaleza del conocimiento científico, limpiándolo de metafísica y ‘carretología’, para acabar con teorías verdaderas solo en apariencia. Falsar es autocriticarse, refutarse, a fin de averiguar qué errores hay en nuestras creencias. Esa ideología comenzó hace menos de cien años, según Ulises Moulines en su ensayo La filosofía de la ciencia del siglo XX. 

Vargas Llosa en su reciente texto La llamada de la tribu dedica 62 páginas a Popper, quien gustó del positivismo lógico de Bertrand Russell, sustentador de que la investigación de los sistemas metafísicos no es verdadera o mentirosa, sino carente de sentido, porque le falta el significado preciso de los términos que usa, ni indica bajo qué condiciones podemos averiguar su certeza o falsedad. 

El historicismo marxista sostiene que, como el desarrollo de la humanidad se rige mediante principios que determinan necesariamente sus diferentes etapas y el cosmos está gobernado por normas universales, también la evolución de la agrupación humana viene conducida por reglas históricas. Debido al albedrío del individuo, ahí erró Marx, reflexiona Popper, pues partió del concepto apócrifo de que la historia tiene leyes que nunca han existido.

El historicismo pretende, mediante supuestos cánones de alcance universal, explicar lo que ha ocurrido en el planeta y además predecir hechos futuros, por ejemplo el establecimiento de un estado perfecto (Hegel) o un mundo sin categorías sociales (Marx). Esas predicciones carecen de base científica, son profecías, recalca Popper. 

También afirma que marxismo y sicoanálisis constituyen dos seudociencias. Carlos Marx fue buen científico al estudiar el cuerpo social de su época, pero se convirtió en profeta porque sostuvo que llegaría un mundo sin clases, dictadura del proletariado y extinción de la sociedad burguesa. 


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