Miércoles, 18 Sep,2019
Opinión / MAY 09 2019

Por qué Dios no acaba con el mal

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David Hume —1711-1776— en el Tratado de la naturaleza humana, sostiene que razón y conocimiento deben estar sustentados en la experiencia, esclavos de la pasión, negadores de Dios y del alma.

 

Este escocés dieciochesco dejó en evidencia la vana arrogancia de Kant al pretender explicar el fondo de lo real mediante razonamientos, convirtió la metafísica en historia y aclaró que hablar de verdades eternas es usar un lenguaje trasnochado, así reflexiona Joan Solé sobre Hume, citado por Gerardo López en su ensayo Cuándo saber ser escéptico. 

Heredero de John Locke, amigo de Adan Smith y Rousseau. Contrario a Spinoza y a Hobbes quienes creían que los dioses nacieron del miedo de los hombres, presenta una teoría ‘natural’ del surgimiento de la religiosidad; situando su origen en la condición humana. Sin racionalismo y empirismo, no hubiera aparecido el criticismo kantiano. 

Mejoró su carácter cuando estudió a Cicerón, Séneca y Plutarco. El saber adquirido con la práctica indica que somos finitos, pues costumbre y observación hacen pensar que la vida cesa con la muerte del cuerpo, ya que es inaceptable una realidad que no pueda percibirse por la función sicofisiológica del organismo. 

Un humano pensante rechaza el renacer de un muerto, andar sobre el agua, multiplicar los panes, porque son hechos contrarios a lo vivido. La Biblia es un fraude, una ilusión no corroborada en alguna prueba, escrita por un pueblo bárbaro y analfabeto que se autoeligió el elegido del cielo. 

Algunos aceptan el testimonio de los apóstoles sobre la resurrección de su maestro por la ingenuidad iletrada. Si sabemos que el Sol siempre aparece, nunca podremos admitir, como dicen en las ‘sagradas escrituras’, que no salió algunos días. El cristianismo carece de evidencias de lo que predica, es mentiroso. Hume, a inteligibilidad contrapuso sensibilidad, a idealidad utilidad, a universalidad individualidad y a deber, querer. 

Antes que Nietzsche (1844-1900), Hume experimentó la muerte de Dios. El individuo reconoció que siempre ha estado solo, ya que nadie capta la divinidad con alguno de los cinco sentidos, gusto, vista, tacto, olfato, oído; es puro cuento. En vista de la aterradora presencia del mal en el mundo, dudamos de la moral de su Creador. Las antiguas preguntas de Epicuro siguen sin respuesta. ¿Tiene el Todopoderoso capacidad para prevenir la maldad pero no lo desea?


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