Jueves, 15 Nov,2018

Opinión / JUN 04 2018

Por una sociedad abierta

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Si algo ha caracterizado a lo largo de la historia a esta sociedad quindiana, es la presencia constante de dueños, casi  inamovibles, del poder político, personajes  de férreas ambiciones individualistas que han terminado por decidir, sin consultarlo, nuestro destino colectivo con la complicidad arrodillada de los áulicos de siempre.

Padecimos caciques, dueños y señores de las instituciones  públicas y de sus arcas, de los órganos de control, de las voluntades de los medios de comunicación, incluso de las débiles manifestaciones de la sociedad civil y de sus expresiones cívicas, sin sujeción a ninguna responsabilidad jurídica ni ética, gracias a lo cual hemos sido una sociedad cerrada.

Acceder a la posibilidad de trabajar, ingresar a  una universidad pública o  ser beneficiario de un programa social con éxito sin contar con la venia interesada de los jefes políticos, ha sido toda una utopía, isla  a la que solo unos pocos privilegiados pueden acceder.

Sin embargo, los resultados de las últimas elecciones empiezan a demostrar que es posible salir de esa noche oscura  para convertirnos en una sociedad abierta, de las que menciona  Karl Popper. Cerca de 130 mil votos registrados en el departamento por opciones progresistas, y  más de 200 mil sufragios por partidos y fracciones políticas diferentes a las de los tradicionales caciques políticos de la región, constituyen una demostración contundente del cansancio de la ciudadanía con ese  ‘viejo país’ que fracasó en la comprensión  de los anhelos y las necesidades de los quindianos.

Particularmente la Coalición Colombia, colectivo político que respaldó a Sergio Fajardo,  sin los recursos de la trampa y el clientelismo, ratificó  con claridad  su presencia y aceptación en Armenia, donde ganó las  elecciones con 62 mil votos, y en el Quindío  con el 41,9% de la votación —97 mil votos—, fuimos la segunda fuerza.

De realidades como estas se derivan muchas perspectivas para los partidos que se están  convirtiendo en opción real de poder:

En primer lugar  no estamos solos, existen otros grupos políticos con una vocación parecida en el camino darle otra interpretación a las aspiraciones de los quindianos.

En segundo lugar, hay que tener muy presente que una cosa son las elecciones presidenciales y otras las regionales. El dinero y las ambiciones de los dueños de las empresas electorales  en que se han convertido los partidos tradicionales siguen ahí y con ellos debemos confrontarnos en las elecciones de 2019. 

De la sintonía constante en  la interpretación  de las aspiraciones de la   ciudadanía y del trabajo colectivo dependerá  nuestra vigencia política y para eso no basta con saberlo, hay que demostrarlo en la praxis.

Debemos ser capaces de superar las disyuntivas de la segunda vuelta presidencial sin que esto afecte la necesaria unidad. Para esto se necesita sensatez y visión con perspectiva.

Estos son algunos los riesgos que corren  los partidos que privilegian la libertad y la razón.

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