Lunes, 19 Nov,2018

Opinión / OCT 31 2017

Problema y solución

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"Podríamos dejar la política  a una sola persona para que la manejara en nombre de todos."


Sorprende, que  frente  del desprestigio monumental por el que atraviesa la  clase política y sus personeros más caracterizados, signados por la corrupción y la incapacidad de satisfacer las aspiraciones sociales de la gente, algunos sectores importantes de la ciudadanía no se den por enterados y continúen indiferentes cediendo terreno ante la apropiación ilícita de los bienes del Estado por ese variopinto abanico de funcionarios y políticos venales.

Cuando un empresario, una ama de casa, un estudiante, un deportista o cualquier persona del común se niega a participar en las actividades públicas apelando al argumento que señala la política como un oficio de delincuentes debido a su grado de putrefacción, está simplemente abandonando el terreno común de los ciudadanos para entregárselo al gansterismo estatal que articula a los políticos con los grandes negocios. 

Si bien el ejercicio de la política es tal vez una de las mayores endemias de las sociedades pos-modernas en la medida que todo lo público lo convirtió en objeto de negociación particular, también es cierto que no hay otra alternativa para combatir ese estado lamentable de cosas, que la propia política, de signo contrario, en otra dirección, con otras personas si se quiere, para no dejársela a los mismos bandidos que la convirtieron en su propiedad particular. La mala política solo se combate con la buena política

Desde siempre, a lo largo de la historia no han encontrado los seres humanos otra herramienta tan idónea para labrar su propio destino que la ambivalente política, esa disciplina inefable con la que se bordan los fracasos y también  los éxitos de la vida en sociedad.

Si no fuera tan importante, tan esencial para la vida colectiva se la podríamos dejar a esos círculos de mercaderes, que hoy  la disputan, para que hicieran con ella lo que les diera la gana; seguramente eso entendieron a lo largo de los años las sociedades más avanzadas y, en vista de su inevitabilidad,  se aplicaron a depurarla hasta lograr ponerla al servicio de la mayoría.

Podríamos dejar la política  a una sola persona para que la manejara en nombre de todos, como sucede en Corea del Norte o sucedió con Pinochet y entonces estaríamos transitando por una dictadura, o confiarla en manos de unos pocos notables y estaríamos ante una monarquía, o  renunciar a la propia representación y, confiar vilmente la política al que pague más por el voto como sucede por estos lares.

Existen también otras alternativas radicales al ejercicio ciudadano de la política, opciones que se mueven dentro de los extremos viciosos: la guerra, de la que, increíblemente, parece quedar un sabor dulce en la boca  de algunos colombianos o la apatía total, muy parecida a la que adoptan los indolentes.

De manera que, sea usted empresario, ama de casa, estudiante o deportista, es absolutamente necesario participar en la vida política.

Política es, en resumen, el problema y política también la solución. 

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