Miércoles, 21 Nov,2018

Opinión / NOV 21 2017

Punto de encuentro

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"No basta con la simple ecuación de malos políticos más una mala gestión para provocar el cambio, se necesita, además, unas verdaderas fuerzas alternativas que entusiasmen al elector".


Cada día es mayor el fracaso de la clase política regional, así lo demuestran, por ejemplo, las cifras que nos tienen encabezando casi todos los indicadores estadísticos del desastre: estamos entre los primeros en contagio de VIH sida, en violencia intrafamiliar, feminicidio, desempleo, en suicidio, en contaminación de ríos y quebradas, etc. Este cuadro señala, como dedo acusador, la mala gestión del estamento político constituido por los dirigentes que han monopolizado la orientación del departamento en estos cincuenta años. En eso coincidimos casi todos.

Uno pensaría entonces, que la solución es simple, dejar de respaldar a ese viejo país que representan esos círculos del poder actual y votar por otros que cambien el rumbo de los gobiernos en la región. Pero allí empiezan los problemas, no basta con la simple ecuación de malos políticos más una mala gestión para provocar el cambio, se necesita, además, unas verdaderas fuerzas alternativas que entusiasmen al elector a la hora de reemplazar a los elegidos de siempre.

Existen desde luego opciones políticas con ideas coherentes que coinciden en la necesidad urgente de ofrecer alternativas al pobrísimo desempeño de la clase política actual, con la potencialidad de captar el interés de esa ancha franja de ciudadanos inconformes que pueden decidir con independencia; pero lamentablemente esos sectores políticos han estado divididos y subdivididos en grupos y movimientos, separados por linderos impenetrables y dogmas que aíslan como muros, conformando un verdadero archipiélago político de islas e islitas, ocupados en toda suerte de entelequias doctrinarias y no de las crudas realidades sociales que nos presenta la vida diaria. 

De la mala gestión y la mediocridad de la politiquería, de un lado, y de la falta de opciones políticas vigorosas, del otro, sea ha nutrido desde siempre la política del Quindío.

Se presenta ahora una coyuntura histórica, como pocas, de debilitamiento de la política tradicional y de contradicciones internas entre las cabezas visibles de esos partidos en el ámbito regional, que unidas a la imagen de corrupción y clientelismo, favorecen la alianza de estos sectores progresistas y democráticos, dispuestos a desprenderse de sus “lógicas” internas y de otras pequeñeces, para presentar a la ciudadanía una propuesta clara que señale objetivos y planes concretos, con residencia en la tierra, que le devuelva la importancia a la política como la caja de herramientas que debe ser, para construir una sociedad más equitativa.

No se pretende, entonces, uniformar a partidos, movimientos y grupos políticos y sociales con consignas de unanimidad, se trata de aglutinar voluntades verdaderamente alternativas, para reunirnos en torno a lo que nos una, a lo que tengamos en común de cara a un programa que le apunte al futuro del departamento. Para esto se creó entonces una coordenada indispensable que logre agruparlos, un punto de encuentro.

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