Sabado, 17 Nov,2018

Opinión / AGO 27 2018

Que soplen los vientos

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Pululan las cometas multicolores en el aire… Formas de mariposas y tigres, dragones y aves; danzan en el firmamento, tomadas por el hilo de la ilusión de algún niño, que sueña con acariciar las nubes.

Soplan los vientos de agosto, la brisa toca el rostro y las hojas se mueven haciendo espirales sobre el suelo.

Se necesita que soplen los vientos… no solamente para que los papelotes vuelen, sino también para que el pasado se marche, las malas prácticas desaparezcan y nuevas posibilidades se creen para Armenia y el Quindío.

Se requiere que una gran ventisca se lleve consigo la corrupción y deshonestidad, los malos manejos de lo público y la traición a la confianza de los ciudadanos. Que quien haya obrado de forma incorrecta, se confronte con su conciencia —la máxima juez—, asuma sus consecuencias y pague lo justo —no menos, ni más… lo que sea necesario para que la lección se aprenda y el cambio llegue—.

Se precisa un ventarrón, que se lleve la desesperanza y desilusión colectiva, por los hechos que hemos protagonizado como pueblo en la historia reciente. Que se vaya el dolor, de una vez; para que la mente se abra a posibilidades nuevas, para poder confiar en otros líderes y creer que un futuro mejor es posible para esta tierra hermosa que habitamos.

Urge un ciclón, que arrastre la politiquería, la manipulación por los votos, el tráfico de influencias, los malos manejos, la coerción para el ejercicio de la democracia y la compra de las voluntades.

Es necesario que soplen vientos, que se lleven lo que como sociedad nos avergüenza y nos permitan recobrar la dignidad colectiva, el respeto y la confianza, la posibilidad de construir juntos el futuro que soñamos y merecemos, el entusiasmo por el mañana y la esperanza.

Es preciso que la brisa sople fuerte y se lleve la voluntad de maltrato, la semilla de la violencia, el ímpetu que mueve a la mano que golpea y asesina, la fuerza detrás de la palabra que ofende, el homicidio en todas sus formas y el abuso.

Que, en este mes de agosto, un viento sanador nos acaricie el alma a todos, que las malas experiencias se vayan, que el pasado quede anulado y todo lo que nos perturba —incluso los hechos recientes—, se recuerde solamente para evitar que se repita.

Y que ese mismo viento, limpio y honesto, fresco, nos abra la mirada a los quindianos, para que caigan los velos, para que la niebla se disipe y podamos discernir en cuál rostro posar la mirada y en qué nombres y propuestas, permitir que descanse la fe.

El liderazgo es necesario y maravilloso, requerimos de hombres y mujeres que nos guíen y orienten, que realicen en nombre nuestro, gestiones pertinentes para construir el futuro que merecemos y podemos tener… 

Que también soplen corrientes que traigan nuevas opciones para que nuestro paraíso tenga un destino mejor.

 

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