Domingo, 22 Sep,2019
Editorial / AGO 21 2019

Reacción popular

Se trata de decisiones que también y por extensión afecten al vecindario, al barrio, a la comuna, al municipio y así sucesivamente a la región y al país.

Al escuchar en días pasados al escritor y comentarista William Ospina acerca de la situación política del país, sonó arrollador el hecho de que toda la culpa de la pésima dirigencia que hemos tenido, especialmente en las últimas décadas, a nivel nacional y en los entornos regionales, es culpa de la ciudadanía, más que de ellos mismos o sus mentores.

El mecanismo poderoso de la democracia participativa y el poder inconmensurable del voto son quizás la expresión más importante y decisoria con la que cuenta un ciudadano del común. Somos la suerte de lo que elegimos y terminamos mereciéndonos lo que permitimos que llegue al estrado del poder, la autoridad y el mando público. La recurrencia de que tenemos una pésima dirigencia se volvió una rutina escolástica y nos ha cerrado la mirada frente al espejo de nuestra propia responsabilidad.

Los que dirigen y gobiernan el país y sus entrañas regionales, son los que elige la gente elección tras elección. Puede haber trampas, engaños, maquiavelismos y toda suerte de patrañas politiqueras y electoreras, pero si la gente votara masivamente y en conciencia, los verdugos de la democracia nunca podrían tomar tanta ventaja.

Lo que ha sucedido es que quienes perpetran este tipo de prácticas antidemocráticas y cargadas de trapisondas, ya han estudiado y han medido mucho la actitud y el tamaño de la movilización ciudadana. Ese cálculo lo tienen bien hecho y en ese sentido saben cómo aprovechar las anomias e indiferencias para convertirlas en bastiones de poder y resortes para perpetuarse en él.

Solo si la reacción popular y la movilización ciudadana logran pronunciarse e imponerse en una coyuntura electoral, las cosas podrían cambiar y en ese sentido sí se podría hablar de nuevos liderazgos, quizás con estilos y enfoques distintos como para que le devuelvan la dignidad al ejercicio político y a la tarea crucial de gobernar pueblos.

Solo si se pasa de la queja y el lamento a la reacción y a la acción podría darse una ecuación cierta de democracia transformativa en la cual los cambios y los ajustes que dignifiquen la política podrían asomarse y asomarse para quedarse. Es el poder de cada persona el que hará grande y real el poder desequilibrante de las decisiones que debe tomar un pueblo en el propósito de elegir a las mejores y a los mejores.

Si no hay reacción individual será imposible sentir y construir una reacción colectiva que conlleve a la movilización ciudadana, que lleve a que se sienta una sociedad en movimiento con lupas grandes examinando programas y promesas de gobierno, hojas de vida, entornos financieros y otra serie de asuntos que son definitivos para tomar las decisiones más cercanas a la conveniencia de las comunidades.

El momento es ahora, ¡es ya! Solo si la opinión pública desde su fuerza ciudadana se entera debidamente de las propuestas de cada quien y de cada cual, será más fácil establecer los cotejos y contrastes que lleven a evaluar las mejores opciones para gobernar. No se trata de cualquier asunto, se trata de tomar decisiones que afecten a la persona que las toma y consecuencialmente a su entorno hogareño y familiar. Se trata de decisiones que también y por extensión afecten al vecindario, al barrio, a la comuna, al municipio y así sucesivamente a la región y al país.

Se trata en suma, de unas decisiones de vida que son al final, las que le podrán devolver el aliento y el ánimo al territorio.

NOTICIAS RELACIONADAS


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

logo-copy-cronica
© todos los derechos reservados
Powered by: rhiss.net