Jueves, 19 Sep,2019
Opinión / MAY 20 2019

Retratos

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Si se mira bien es la misma fotografía de siempre, la de todos los años, lo único que cambia es la técnica, en sus inicios se llamaban daguerrotipos, débiles impresiones de palta sobre una lámina de cobre, después la cámara oscura que dibujaba imágenes en un papel convertido en fotos en blanco y negro, hasta las digitales de hoy, fotografías en las que aparece siempre posando la misma sociedad y sus actores, el empresario, el político, el elector y el lagarto, el mismo decorado con algunos cambios que aconseja el glamour de cada época, pero con la misma convulsa realidad social de fondo.

Cada vez que se acerca un certamen electoral en estos riscos de viento del Quindío da la impresión de que estamos repasando fotografías viejas, donde el tiempo se ha detenido. Aparecen en primer plano los tradicionales dueños del poder, convencidos que no hay mucho que cambiar, siempre ocupados en desempolvar los mismos viejos procedimientos, promesas y baratijas envueltas en papales de colores que les permitan seguir engañando al elector.

Los empresarios inmóviles, autistas color sepia, siempre desentendidos de cualquier audacia que pueda dar un vuelco a la realidad social de fondo que, también, padecen, convencidos que la política solo es importante cuando son ellos los actores, ignorando la potencialidad que pueden ser como motor de los cambios que necesita el nuevo Quindío.

Los sectores autodenominados, progresistas encargados de la misión de la alternatividad, de encarnar los cambios que la región necesita, barnizados también por la monótona pátina del tiempo, contribuyendo a colaborar con el decorado de siempre, embotados por la mediocridad y las ansias desbordadas de poder personal, perdidos, como siempre, en la falta de perspectiva, reencauchando candidatos, recorriendo los mismos caminos del pasado, presos del dogmatismo y la intolerancia y entonces dueños del látigo contra todo lo que no se les parezca.

Los electores, como en una instantánea de cuerpo entero, despistados, ingenuos, materia prima del engaño, esperando nuevas interpretaciones de sus esperanzas, aplazando las ilusiones de cambio, integrando la siempre nueva-vieja sociedad, impávida, destinatarios de tanto desatino, tan necesitados antropológicamente de las mentiras que les den respiro, de las promesas que les creen ilusiones.

Y camuflados entre tantos actores que hacen parte de la pose, los mismos lagartos de siete suelas, conocedores del oficio, baquianos de las sumas y restas, expertos en el manejo de cálculos, convencidos que aquí solo ganan los que reciban las prebendas por anticipado, fríos y calculadores en el manejo de emotividades, inflamándole el ego a tanto candidato ingenuo, persuadidos que esto es un asunto de sumar inversionistas, sofistas y demagogos que edulcoren las mentiras, que permitan hacer creer que todo cambia, para que todo siga igual. 

Ahora cuando empieza la campaña, la fotografía es la misma, los mismos actores el mismo decorado y el mismo telón de fondo.

 


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