Lunes, 24 Sep,2018

Opinión / MAR 11 2018

Revivir la historia

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

La historia es ciencia del tiempo. Tiempos largos, cortos, intermedios. “Tiempo individual”, “tiempo social”, “tiempo geográfico”, “tiempo casi inmóvil”.

Lo que acontece con la tierra –de tiempo casi inmóvil, es de carácter estructural; tiempos largos de procesos que se consolidan de modo imperceptible y muy lento. La tierra, a través del tiempo, ha quedado en pocas manos; en nuestro caso, solo el 0.87 % de la población es dueña de ella. El resto, el 40% de los agricultores, permanece en la informalidad o no tiene acceso a la propiedad. Este enorme acaparamiento de tierra, en mucho, obedece a la ilegalidad: lavado de activos, despojo, testaferrato, apropiación de baldíos, desplazamientos, invasiones de zonas de reserva y de tierras étnicas. 

Se agrega la pobreza en el campo, abandono, ausencia o deficiencia de bienes públicos, dificultades para comercializar productos agrícolas, problemas de irrigación, vías terciarias inexistentes o en pésima condición, legalidad de la propiedad, escasa o nula facilidad de préstamos bancarios, instituciones paquidérmicas e ineficientes, burocracia y corrupción. El empleo en el campo es informal y estacional, ha sufrido por falta de seguridad y de justicia estatal. El campo ha sido escenario del conflicto armado, paramilitares y guerrilla, y presencia de bandas criminales dedicadas al robo de cosechas, extorsión, confinamiento y desplazamiento de campesinos.

Ninguna reforma ha prosperado. Ni la del Alfonso López Pumarejo, ley 200 de 1936; ni la de Carlos Lleras Restrepo, ley 135 de 1961; tampoco la de César Gaviria Trujillo, ley 160 de 1994. Las instituciones encargadas de revertir el problema y modernizar el campo han quedado rezagadas. Una reforma rural para la paz, nueva institucionalidad y control del territorio por parte del Estado estarían a la par con la legalización de títulos de propiedad y un catastro rural, moderno y geo-referenciado. Es obligado también distribuir nuevas tierras entre 250.000 agricultores que no tienen o tienen muy poca. Legalizar la pequeña propiedad y reubicar, a lo ancho y largo del país, la población rural (menos campesinos desplazados hacia la frontera agrícola, en tierras de ladera, erosionadas o en humedales). Además, que cuenten con vivienda y saneamiento básico (agua potable, disposición de aguas negras), salud y educación rural. Y, ante todo, combatir los “ejércitos anti restitución de tierras” y las bandas criminales.
Una visión de territorio y reforma rural integral, cuyos tiempos históricos estén orientados de modo racional, eficaz y perentorio, es lo mínimo que se espera de un gobierno comprometido con el campo y la productividad agrícola.

NOTICIAS RELACIONADAS


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

logo-copy-cronica
© todos los derechos reservados
Powered by: rhiss.net