Miércoles, 18 Sep,2019
Opinión / AGO 03 2019

Rumi el esplendor

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Cuentos y poemas sufíes de ancestral sabiduría, fueron escritos con propósitos psíquicos específicos. Provocan, en tipos de seres humanos concretos, una escala de efectos sicológicos, literarios y espirituales evolutivos según el grado de desarrollo interior de quien los lee. 

El amor sufí, componente esencial de búsqueda y realización de lo supremo en esta vida para quienes la razón de su existencia es la unidad con lo divino, en ningún texto literario de la humanidad ha alcanzado tales cúspides de expresión mística, poética y narrativa, como en las obras del iluminado persa Rumi, señalando directo la vía: “No busques el agua/ Siente la sed/ Y verás manantiales/ Fluir de todas partes”. Entre variados símiles para pretender expresarle a lectores con relativo interés en conocer la más excelsa poesía mística de todos los tiempos y las inexpresables cimas teológico-poéticas del sufismo, se me ocurre anotar que si fusionamos la excelsitud literaria de Shakespeare y Homero, con la hondura metafísica de las Enéadas, de Plotino; y la sabia síntesis del Gita, del Cantar de los cantares, del Tao y el Dhammapada, estaremos en las puertas de ingreso a la obra de Rumi, gota y manantial, río, cascada y oleajes de agua cristalina para la sed interior. No hay mayor poeta místico en ningún sendero de las enseñanzas taoístas, budistas, cristianas, zen, islámicas o jasídicas, que haya descrito en sus poemas, con tantos pormenores y preciosidad metafórica, las etapas, sendas, oscilaciones, alegrías y pesares del individuo que busca la iluminación, la unidad con Dios o lo absoluto, según se le quiera nombrar. Bebo en la copa de Rumi: “A nosotros que, sin copa ni vino,/estamos contentos./A nosotros que, despreciados o alabados,/estamos contentos./A nosotros nos preguntan: “¿En qué acabaréis?”./A nosotros que, sin acabar en nada, /estamos contentos”. Accedí a este sendero hace 43 años, gracias al libro El sufismo en el cristianismo y el islam (Kier, 1976) del escritor argentino José E. Guraiev. Aquí Yalaluddin Rumi conocía de mi sed y, desde tal encuentro con su poesía, el transparente arroyo se transformó en caudaloso río de oleajes sedosos cuyos cantos de espuma y piedras, de guaduales como flautas, solo se escucha entre el silencio y la contemplación. Aunque en mi actual biblioteca hay numerosos libros de sufismo, entre ellos los de Arabi, Hafiz y Saadi, y otros se extraviaron en momentos de borrasca familiar, no son fundamentales cuando alguien lee a Rumi. No se le debe leer como se lee a cualquier otro poeta. Aunque con un soplo se abren las puertas místico-poéticas de dicho iluminado, seguirán siendo inexpugnables para cuantos lleguen a ellas con flemático intelecto y académicas especulaciones sobre la poesía sufí. Guía poética para la conciencia de Dios en el hombre.


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