Miércoles, 19 Sep,2018

Opinión / DIC 27 2015

Sadomasoquismo o BDSM

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El sadomasoquismo es una conducta sexual que implica dolor físico y juegos de dominación; dejarse llevar y no controlar lo que va a suceder en la intimidad, es lo que resulta placentero.

El sadismo consiste en ejercer la dominación e infligir sufrimiento o dolor a la persona objeto de su deseo, para acceder al placer sexual; mientras que el masoquismo, al contrario, consiste en recibir y necesitar del sufrimiento o en recibir dolor para alcanzar el mismo placer sexual.

Se enmarca en la sigla BDSM (Bondage: esclavitud, Disciplina y Dominación, Sumisión y Sadismo, Masoquismo), cuyas prácticas están asociadas a la cultura “leather”. El propósito de utilizar esta sigla resulta de la necesidad de separar la connotación negativa que aún tiene el término sadomasoquismo en la sociedad.

En este universo la pareja establece una relación de dominante/dominado, en la que la puesta en práctica de violencia física o verbal y servicios corporales proporciona satisfacción. Ambos roles pueden presentarse en una relación sexual, siendo complementarios hombre-mujer, mujer-hombre.

Y a pesar de vivir en un mundo acelerado, abierto a todo lo que tiene que ver con el sexo, lo cierto es que no deja de ser un tabú; por lo que suele despertar sentimientos de rechazo o temor, al tratarse de prácticas sexuales no ortodoxas.

En una sociedad moralista y solapada, se nos ha educado con el precepto heredado de la inquisición de que: —La mujer decente es una dama en la calle y en la cama—, olvidando que las mujeres decentes también tienen derecho experimentar y a gozar de sus orgasmos, así como a tener y a disfrutar todo tipo de fantasías sexuales.

En síntesis, el sadomasoquismo es un acrónimo que deriva de las palabras “sadismo” y “masoquismo”; y no se trata de un trastorno, sino que es una conducta sexual que resulta gratificante para determinadas personas.

La invitación a mis lectores es que el término —sadomasoquismo— lo desprendan de la connotación de daño físico o humillación, practicada sólo por prostitutas o gigolós; puesto que va más allá de la ropa de cuero, el látigo y las esposas como parte de su ejercicio.

No es pecado que ser diferente, respetemos a quienes para disfrutar el goce que emana del sexo, tienen la necesidad de incluir estas prácticas, ya que no son capaces de disfrutar de la intimidad sexual sin incluir la dominación y la sumisión. En mi opinión es una de las tantas formas de romper la precaria vida sexual que emana de la monógama monotonía.

 

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