Lunes, 24 Sep,2018

Opinión / NOV 02 2017

Se equivoca, profesor Arias Serna

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El muralista Yulier Rodríguez Pérez ha sufrido en carne propia el acoso de la Policía cubana.


LA CRÓNICA publicó el domingo un largo publirreportaje sobre las supuestas virtudes de la revolución cubana, cacareadas hasta el cansancio por los nostálgicos del socialismo real. A pesar de llevar la firma de un investigador universitario, el texto derrapa en el torpe método argumentativo de siempre: fija la lupa en los innegables avances sociales en los campos de la salud y de la cobertura de la instrucción pública –dudo en emplear la palabra educación para nombrar a un sistema en el que a los niños se les inyecta el ejemplo de Ernesto “Che” Guevara, ese asceta del fanatismo revolucionario– y pasa de largo todo lo demás. Soslaya sospechosamente el profesor Diego Arias Serna el espinoso y crucial tema de los derechos civiles y políticos. Si con rigor en su texto lo hubiese abordado habría tenido –en honor de la verdad– que reconocer algunas cosas: en Cuba no existe la democracia –no puede haberla en un país de un solo partido y sin prensa independiente– y las libertades de pensamiento y de opinión están confiscadas.

¿Pruebas? Miles. Menciono unas cuantas: Amnistía Internacional denunció en marzo la arbitraria condena del activista Eduardo Cardet Concepción, líder del Movimiento Cristiano Liberación (MCL). ¿El motivo? Cuestionar en una emisora española el legado de Fidel Castro. La estudiante Karla María Pérez González fue expulsada de la Universidad Central de las Villas, en la provincia cubana de Villa Clara, por publicar en un blog artículos contra el gobierno de los Castro. Ese caso fue dado a conocer por la BBC a mediados de 2017.

El muralista Yulier Rodríguez Pérez ha sufrido en carne propia el acoso de la Policía cubana debido a sus intervenciones artísticas callejeras. ¿Nos vamos para atrás en el tiempo? ¿Hablamos de la persecución a Huber Matos, a Guillermo Cabrera Infante, a Reinaldo Arenas, a Virgilio Piñera, a Gastón Baquero, a Raúl Rivero, a Yoani Sánchez, a Guillermo Fariñas y a miles de cubanos? ¿Aludimos a los sitios de confinamiento de homosexuales y testigos de Jehová instaurados por el régimen del Hombre Nuevo? Profesor, ¿en serio considera valiente la dictadura de los Castro? ¿No aplaudió Fidel el aplastamiento de la primavera de Praga? ¿No fue acaso la isla un satélite del imperio soviético? ¿No a duras penas sobrevive gracias al petróleo chavista y al turismo gringo?

Predecibles –mucho– son los defensores de la dictadura cubana. Desacreditan al opositor colgándole en el cuello un rosario de improperios: lo llaman cómplice de la derecha mundial, cruzado del capitalismo, lacayo del imperio. Me les adelanto: no creo que la democracia colombiana sea perfecta. Miles y dolorosos males la desangran día a día. Repudio la voracidad del capitalismo desprovisto de alma y corazón. Rechazo la injerencia yanqui en los asuntos internos del continente latinoamericano. Idéntica vehemencia me impide guardar silencio frente al complaciente artículo de un miembro de la comunidad universitaria regional con un régimen despótico, populista y autoritario. Sí, lo sé: harán de mí leña los guevaristas de vieja y nueva hornada. Prefiero el pataleo del ahorcado a la rondilla hincada de los cómplices. Ahí les dejo mi pellejo.

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