Martes, 25 Sep,2018

Opinión / SEP 04 2018

Semana por la paz

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Entre el tres y el ocho de septiembre el Quindío estará celebrando la Semana por la Paz. La agenda será nutrida y diversa en actividades: conferencias, marcha, feria, fútbol, cartas de reconciliación y colorear la paz, entre otras.

Celebrar la vida, reconciliarnos y vivir en paz es la aspiración legítima de todos, y nos permite encaminarnos hacia una búsqueda que pareciera imposible unos días más que otros, por los hechos que ocurren de todo orden en nuestro país: el intento de algunos sectores por arrasar con lo conseguido con el acuerdo de paz; las muertes constantes de líderes sociales y defensores de derechos humanos; la tremenda desigualdad social, la pobreza, los feminicidios, el abuso sexual a menores, entre otras patologías que padecemos como sociedad. Una de nuestras características como sociedad, es la incapacidad de comprender lo que nos pasa, muestra de esto son los resultados del plebiscito por la paz y la reciente consulta anticorrupción, es decir, padecemos, vivimos en carne propia, fenómenos que no logramos entender, y por lo tanto pareciéramos casi inermes ante ellos por falta de capacidad de reacción.

Eleanor Roosevelt dijo: “No basta con hablar de paz. Uno debe creer en ella. Y no es suficiente con creer. Hay que trabajar para conseguirla”, surgen las preguntas de si para los políticos la paz es solo un discurso demagógico, y para la población una simple aspiración utópica. Es como si las causas de la violencia, la intolerancia y la injusticia fueran mayores al anhelo de vivir en paz, de construir un país incluyente, equitativo y decente para nosotros y los que vienen detrás. No.

La esperanza surge, se mantiene y aviva por los más de ocho millones de colombianos que votaron por la posibilidad de un gobierno diferente; por los once millones setecientos mil colombianos que salieron a votar sin contraprestación alguna, movidos exclusivamente por su convicción; por quienes siguen empeñados en materializar el acuerdo de paz; por quienes siguen defendiendo los derechos de sus comunidades y territorios; por los pocos políticos que entienden que su papel es garantizar el bien común; por padres y maestros que realizan bien su trabajo; por quienes difunden, informan y reflexionan sobre el acontecer del país, haciendo pedagogía para formar a la población; por quienes hablan, creen y trabajan a diario por la paz. 

Reconciliémonos y juntémonos entonces en ese necesario y legitimo esfuerzo porque, desde donde estemos, podemos y tenemos el deber de contribuir a transitar ese camino de la paz. 

Directiva Suteq y miembro del consejo departamental de paz.

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