Martes, 20 Ago,2019
Editorial / ABR 14 2019

Semana Santa

Tiempo de paz, de reflexión, de íntimo examen individual y familiar y una oportunidad para que podamos retomar la agenda de amor, pertenencia y esperanza que necesitan Armenia y el Quindío todo, con el concurso sinérgico y decidido de todas y de todos.

Semana Santa

“Abrir los corazones al amor de Dios ‘que no escatimó a su propio hijo, sino que lo entregó por todos nosotros’, para nuestra salvación”. Este ha sido uno de los mensajes  sustantivos que el papa Francisco ha dirigido a los fieles católicos de todo el mundo al iniciar formalmente la Semana Santa.

Además, el Santo Padre dijo a los creyentes “pronto celebraremos la pasión y la resurrección de Jesús” por lo que animó a “recordar que sobre la cruz, Dios nos ha amado más de lo que nunca lo amaremos”, y exhortó a pedirle al Señor que “tenga misericordia de nosotros”.

En esta línea, el pontífice ha expresado una serie de consideraciones que apuntan a  vivir en familia el sentido verdadero de estos días santos en los cuales la reflexión, la oración y el arrepentimiento con  valor y gracia de misericordia, podría ayudar mucho a que las cosas mejoren y mejores tiempos se tiendan sobre el horizonte.

Un territorio como el nuestro en el cual se tejen a diario y de manera ininterrumpida tantas pasiones y tensiones que en veces rayan con el canibalismo, que bueno tomar esta semana como tiempo de serenamiento del alma y ocasión para desarmar espíritus. Las actuaciones todas, desde cualquier ámbito y responsabilidad tienen efectos y consecuencias. Quizás lo público por su propia naturaleza es lo que más desnuda y expone esta condición frente a lo cual muchas personas nunca lo entendieron y nunca se prepararon para ello.

Cada vez que se realiza un examen crítico, ya desde el control político, o desde el control ciudadano, o desde los medios u otras expresiones vivas de  la comunidad, muchos asumen esta tarea como gestas malintencionadas, ráfagas de odio personal o zancadillas frente al raudo paso que muchos quieren tener, pero que les cuesta que los sigan y los observen sus actuaciones.

Semana Santa es vital para creyentes o no creyentes, como espacio de recogimiento, profunda reflexión y alistamiento para las rutas y responsabilidades que señala el resto del año. En lo político, ámbito en el que la mayoría de candidatos y candidatas hablan con la boca llena de Dios, deberían revisar si esas expresiones honran esa doctrina, esa fe y esos mandatos que aunque sencillos en sus postulados suelen ser difíciles de cumplir en el mundo de los hombres. Si al menos virtudes teologales como la fe, la esperanza y la caridad, fueran soporte de tantas promesas políticas y electorales, los enfoques de confianza y recuperación del ánimo en la sociedad tendrían más valor y sentido.

Tomar a Dios o el nombre de Dios como una excusa política o un cálculo electoral, sería quizás un ‘Pecado Capital’, pues además de los engaños recurrentes propios del promeserismo, deshonrar y engañar desde la fe y la confianza de los demás, se constituiría en una práctica ruin y en la más evidente degradación del ejercicio humano cuando supuestamente lo que proclama es que quiere servir a los demás, a sus prójimos.

Tiempo de paz, de reflexión, de íntimo examen individual y familiar y una oportunidad para que podamos retomar la agenda de amor, pertenencia y esperanza que necesitan Armenia y el Quindío todo, con el concurso sinérgico y decidido de todas y de todos.

 

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