Viernes, 21 Sep,2018

Opinión / AGO 15 2018

Ser pillo paga, está de moda

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Tengo un dolor infinito por la cadena perpetua que un juez —poseído de toda la autoridad para emitir sentencia— le impuso a un hombre de aquilatados valores criminales, por el solo hecho de haber sido el cerebro del saqueo que se hizo durante varios años al municipio de Armenia y que se incrementó gracias al consorcio o asociación con la que compartió su misma suerte

 

¡Qué pesar! Según la decisión del justo juez de la República, tendrá este pobre inocente que devolver $8.500 millones, cifra estimada en una cuarta o quinta parte del saqueo que le hizo al municipio, Francisco ‘Pacho’ Valencia, moderado y sobrio caballero agraciado con el mismo apellido de su dulce y necesaria cómplice.

¡Se dan cuenta que ser pillo paga! Claro que sí. Pillar en Colombia es un negocio. Por eso a los politiqueros corruptos se les premia, se les pone en ternas de candidatos a los más honrosos puestos en sus regiones o en el país. Si usted no sabe sino dar abrazos hipócritas, pero además es un correveidile mediocre de un partido, o si se voltea para trabajarle a todos por igual, es muy probable que se convierta en candidato a la alcaldía de Armenia, por donde transita la corrupción con inigualable e incomparable habilidad.

Si usted fue cívico, contó con valores de ciudadano y renunció a ellos para enredarse en el ‘chance’ que le ha ofrecido las mejores oportunidades a la incapacidad, la deshonestidad, la falta de idoneidad y la inhabilidad jurídica, tiene cuando menos la opción de ser candidato a la alcaldía de Armenia. No importa si militó en diferentes partidos. El voltearepismo es una de las codiciadas cualidades en el ambiente, de ambiente, en el que ‘ser pillo paga’. No interesa su ignorancia o falta de idoneidad para el cargo. Si ha fracasado en todo. Si ha sido timador. Esa es otra cualidad.

‘Ser pillo paga’, está de moda en Armenia pero tuvo sus comienzos cuando una Alianza Nacional Popular —asociada al mal— le abrió las puertas a la corrupción regional. De ahí en adelante la ciudad y el departamento no se volvieron a parar, no han tenido un ‘chance’ diferente.

Lamentablemente la delin-cuencia política se volvió común, ganando terreno por la insolidaridad de la gente que ha preferido refugiarse en sí misma, con un individualismo egoísta en vez de cooperar en la lucha contra la corrupción y contra el crimen. El enfriamiento humano se convirtió en un signo característico de la vida en los tiempos que nos está tocando enfrentar siendo muy pocos los hombres de opinión que se la juegan contra el mal en los términos que necesita y demanda la lucha contra el vandalismo politiquero.

La política en una región como el Quindío, entre más cerca estén sus ‘líderes’ de las personas, menos contacto tiene el ciudadano con la realidad que saben esconder muy bien los victimarios. “Dicen que es un pillo, que es un político corrupto, pero a mí me parece buena persona; conmigo es muy formal”, dicho común en los círculos sociales, y del periodismo, que desconoce la realidad, como que ‘tiene más malicia un gato de porcelana’, como le oí decir a una inolvidable amiga y parienta. 

@jorgelieceroroz

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