Lunes, 25 Mar,2019
Opinión / DIC 19 2018

¿Ser retrógrado? II

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

No sé si será propio ‘de las cavernas’, como algunos muy cultos expresan, retomar el tema de la urbanidad y la cultura. Hago la salvedad, de que no me interesa molestar a nadie, esto no es personal, ¡faltaba más! Simplemente quiero plantear el tema.

Si nos subimos a un bus urbano, con frecuencia notaremos que eso que antaño nos enseñaban nuestros queridos y jamás olvidados formadores, se ha ido disipando con ‘la modernidad’. De hecho, tengo más de un video en el que he grabado, solo para mi curiosidad e inquietud, escenas en las que vamos en un medio de transporte público en el que los ‘caballeros’, como se llamaban en la época de las cavernas para algunos, van sentados y las damas van de pie; más aún, señoras en estado de gestación, o sea, que llevan a un bebecito en su vientre, van de pie y ninguno de los ‘modernos’ y ‘no cavernícolas’ individuos, les ceden su puesto. ¿Es que hemos llegado a un nivel tal de pérdida de cosas positivas, en el diario vivir, en lo cotidiano, que ser educados, amables y considerados significa ser cavernícola?

Al mencionar en el escrito de la semana pasada, que la vida íntima de los demás es sagrada y respetable, pero que cada quien debe ser el garante de su intimidad y su adecuado manejo, no faltó quién se molestara, sin duda una minoría, pero sigo sin entender cómo hay quienes defienden las manifestaciones vulgares y escandalosas de otros que no guardan el mínimo respeto por sí mismos y por los demás.

Ahora, pasa igual con otro grupo: los corruptos, que ya son en nuestro país, una verdadera comunidad. Ya no son la ‘excepción’ y eso quizás explica el porqué nunca reconocen las labores de las personas de bien, no saben apreciar al trabajador honesto, sereno, prudente: de hecho, ese tipo de personas son declaradas enemigas, porque se constituyen en un palo en la rueda. Tristemente, en nuestro medio se ha ido afianzando esa cultura en la que no se premia ni se reconoce sino a un grupo de individuos: los aduladores, los ‘que comen callado’, los que pertenecen al ‘grupito’. Ha sido evidente que ser limpio, honesto, frentero es ‘ser cavernícola’, porque ahora impera la ley del más untado, la rumba más pesada, el ‘parcerito’ más ordinario. Se cambió el bolero por el ‘perreo’, la ternura y la feminidad por la ‘igualdad’ mal concebida, la familia por la superficialidad y el libertinaje: claro, las consecuencias están a flor de piel… ¿o no?

El Niño Dios nos bendice con su nacimiento. Pidámosle, sin rabia, no tanto que se castigue a quienes han ensuciado y pisoteado los principios de nuestra sociedad, pues eso pasará tarde o temprano, pidámosle que ilumine a las nuevas generaciones para que rescaten los valores, integralmente, los modales, la cultura, la honestidad, y así rescatar lo que nunca debió enlodarse de semejante manera.

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