Jueves, 20 Sep,2018

Opinión / MAY 31 2018

Sin perdón ni olvido

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En España el grupo terrorista Eta después de matar a 855 personas, niños incluidos, de recurrir a ‘las distintas formas de lucha armada’, de asesorar al gobierno de Chávez y a las Farc en atentados con explosivos, acaba de declarar la dejación de las armas y su reincorporación a la vida democrática. En la voz de Josua Ternera, uno de sus más desalmados jefes, Eta ha silenciado su accionar bélico. El presidente Rajoy ha calificado el hecho como un triunfo del Estado de Derecho y las víctimas como su triunfo frente a la afrenta mayúscula que supone el terror como chantaje permanente contra un ser humano. A la mente se me vino una manifestación de cerca de un millón de personas protestando contra el terrorismo de Eta donde tomados de la mano marchaban los principales dirigentes políticos de derecha y de izquierda, incluyendo el partido Comunista. A esta marcha sucedieron otras en distintas ciudades para afirmar la fe en la democracia y el rechazo a una violencia cuyo único objetivo consistía en azuzar el enfrentamiento entre hermanos y donde a nombre de la reivindicación de una supuesta etnia superior se persiguió con crueldad a quienes pensaban diferente en las universidades y colegios, se sometió a los niños a la catequización cultural, se instauró un régimen de sospecha general, se histerizó hasta la irracionalidad absoluta a sectores sociales que no tuvieron reato alguno en justificar el crimen como en aquella ocasión en que en una manifestación acorralaron a un grupo de opositores al grito de “Eta mátalos”.

La Asociación de Víctimas de Eta acaba de emitir una declaración en donde exigen la investigación pertinente sobre 385 asesinatos sobre los cuales ninguna autoridad ha señalado a sus autores. El presidente Rajoy ha confirmado que no habrá ni perdón ni olvido y se continuará investigando y condenando hasta el final a los asesinos. Por su parte Eta no ha pedido perdón a las víctimas ni se ha arrepentido del daño causado a la sociedad. Recurriendo al manoseado argumento de sus historiadores de que, dada la “situación de pre violencia existente en esos momentos”, su levantamiento armado “estaba justificado”. Lo cierto es que hoy cuando inevitablemente los velos que cubrían esta realidad de pesadilla comienzan a mostrar la verdad, esa verdad que brota del testimonio directo de los ofendidos, de las voces libres y doloridas de huérfanos y viudas, y no de las verdades amañadas por comisiones de la verdad de bolsillo, el llamado relato de este nacionalismo se va derrumbando solo. Y las razones de la justicia empiezan a brillar con la contundencia debida.

Más de un centenar de víctimas e intelectuales entre los cuales hay que destacar los nombres de Fernando Aramburu, el autor de Patria, y Fernando Savater, víctima de la intolerancia de Eta, han firmado un manifiesto donde exigen al gobierno la debida investigación sobre esos 385 crímenes de Eta que no han sido investigados y de manera perentoria reclaman “una condena de la historia de terror, de manera que se deslegitime la violencia con vistas a generaciones futuras”.

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