Jueves, 20 Sep,2018

Opinión / SEP 04 2018

Sobre las crisis del precio del café

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Este año ha sido particularmente difícil para los caficultores colombianos que, casi en su totalidad, han venido produciendo a pérdida, el precio de compra no cubre los costos de producción. Esta situación agudiza aún más el ya delicado contexto político, cultural y socioeconómico de las regiones caficultoras del país. Desde 1989, año de la ruptura del ‘pacto internacional del café’, el precio de este producto agrícola fluctúa en función de las vicisitudes del mercado internacional. A partir de allí ha sido recurrente ver a los caficultores reclamando subvenciones públicas que reajustan el precio interno del café por encima del precio fijado por el mercado internacional. Para los caficultores colombianos, la ruptura del pacto internacional del café constituyó el ocaso de las buenas épocas de la caficultura. 

En realidad, la disolución de este pacto dio fin a las regulaciones internacionales que sobre el precio del café necesitó la caficultura sometida a la inescrupulosa lógica del mercado autorregulador una vez que en ella se impuso la tecnificación agroquímica, notablemente a partir de los años de 1970. En estos términos, la cuestión del precio del café debe conducirnos a una evaluación crítica de esta tecnificación basada en el modelo norteamericano de la Revolución verde. De hecho, la implantación de la tecnificación agroquímica en la caficultura constituyó el tránsito de un sistema de producción sustentado en la agricultura familiar y en la simbiosis entre policultivo y cría de animales, a un sistema basado en el monocultivo, dependiente del uso intensivo de factores externos de producción: pesticidas y fertilizantes de síntesis.

El monocultivo de café multiplicó por 5 o 6 la densidad de siembra de cafetos por hectárea, lo que exigió mayor mano de obra y representó una gran pérdida de agrobiodiversidad en la región andina colombiana. Por su parte, la pérdida de biodiversidad en ecosistemas cultivados, ha exigido el uso intensivo de insecticidas, herbicidas y fungicidas que recrudecen su degradación ecológica a falta de regulaciones biológicas. Esta degradación, a su vez, ha aumentado progresivamente la dependencia de la caficultura tecnificada a los insumos químicos. En consecuencia, cuanto más se avanza en la tecnificación agroquímica, más costosa es la producción de café, así como mayores son sus perversos efectos socioeconómicos, ecológicos y sanitarios. En síntesis, las crisis del precio del café traducen el fracaso de la tecnificación agroquímica en la cual la estructura organizacional cafetera parece obstina en mantenerla.

Es necesario entonces poner en obra técnicas de producción a bajo costo, que no contaminen los ecosistemas ni los alimentos, y donde la caficultura pueda percibirse nuevamente como un estilo de vida digno. En tal sentido, la agroecología o la agricultura orgánica han demostrado alto grado de eficacia, en particular para pequeños productores. Por tanto, paralelo a los auxilios de reajuste del precio interno del café, que alivian temporalmente el bolsillo del caficultor haciéndole el favor a la industria productora de agroquímicos, es urgente invertir en la transición hacía una caficultura ecológicamente intensiva.

NOTICIAS RELACIONADAS


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

logo-copy-cronica
© todos los derechos reservados
Powered by: rhiss.net