Domingo, 18 Ago,2019
Opinión / JUL 22 2019

Taller para pensar

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Como un homenaje a quien en vida fuera uno de los más grandes poetas de su tiempo y también como un ejercicio de la palabra y el pensamiento, surgió en la capital quindiana el taller de Apreciación y creación poética: Juan Restrepo Fernández.

Por iniciativa del también escritor, Andrés Matías, se abrió este oasis en la ciudad, para que los intelectuales y creadores se congreguen periódicamente a leer, conversar, departir, aprender, crear, reconocer, proponer y seguir construyendo ese camino infinito de la literatura, el arte y la cultura.

Las ciudades necesitan a los pensadores, requieren de seres humanos que hagan uso de la inteligencia y la creatividad, que vean con un sentido crítico las realidades del contexto y puedan diseñar soluciones para los problemas que se presentan. Son aquellos que se atreven a pensar, los que han propiciado los cambios importantes en la historia, quienes han planteado puntos de giro en la dinámica de la humanidad, los que han construido escenarios distintos y han logrado que cosas impactantes ocurran.

De hecho, de las múltiples formas en que puede contarse la dinámica del tiempo, la más bella es la que se aborda desde los íconos de la creación artística y en este caso, de la palabra.

Por eso, si se quiere comprender, por ejemplo, lo que ha sucedido con nosotros, los colombianos, habría que generar un eco de las palabras de los escritores, quienes, con sus obras, han acompañado y narrado los eventos más destacados de nuestra historia. 

Juan Restrepo Fernández —quien dio su nombre al taller—, fue un médico siquiatra montenegrino, que vivió 30 años en Argentina y ejerció su profesión de forma paralela con la escritura. 

Su obra, prolija y exquisita, obtuvo un gran reconocimiento de la crítica universal y fue calificada como auténtica, moderna, coherente y libre. Él fue catalogado como "la más alta voz lírica del Eje Cafetero”, era, según el decir de los expertos: “el poeta más puro de la corriente poética: hermética trascendental, en esta región” y dejó tras de sí varios libros que recogen su legado y agrupan sus poemas que estarán vivos para siempre, a pesar de su partida.

Uno de sus escritos más difundidos, que lleva como título: De encina moriré, evidencia la sensibilidad del poeta y su mirada del mundo y de su propio destino: “De encina moriré, caeré de sombra/ caeré fluvial de verde o de relámpago/ me apagaré de breña/ me iré de labio en labio, peña en peña/ fluiré de trueno o grito de montaña.  

La vida de un poeta no se apaga, porque su palabra vive, aunque él ya no esté para pronunciarla, de ahí la gran relevancia del taller que ha surgido en el Gato Bohemio —sitio al norte de la ciudad, donde la cultura y el arte palpitan—. En este escenario de apreciación y creación, la voz de Restrepo Fernández y de muchos otros poetas, vivirá de nuevo. Allí se crearán nuevas oportunidades para inventar caminos de futuro y hacer de la inteligencia —como debe serlo—, el faro que guía a la humanidad, hacia un mejor destino.

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