Viernes, 24 May,2019
Opinión / MAR 09 2019

Tender y destender mi cama

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Comparto con usted, en particular con quien cada día tiende su cama sin delegar tal rutina en otras personas, cuanto a diario me sucede al llevar a cabo la reiterada faena. Despierto a las cinco y sigo en la cama; melancólico, si emergí de un placentero sueño lúcido donde hubiera querido seguir; o feliz, si abandoné una pesadilla.

Enciendo el bombillo y leo. También manipulo el celular, vampiro tecnológico bebedor insaciable del praná humano. A las seis me levanto. Bañarme es un ritual energético donde el gélido chorro de agua me recuerda que sigo vivo otro día más, consuelo efímero cuando uno sabe que restan 18 horas de incertidumbres. Salgo de la ducha. Tender mi cama es el primero, del absurdo drama en dos actos donde soy único protagonista. Y exclusivo espectador. Tema, escena y escenario para una obra de Ionesco. O una de Pinter. Tal vez Jarry experimentó algo semejante. Calarcá es el marco de mi drama irracional. Soy-y-no-soy-Godot. Sobreviene a diario en el barrio Llanitos de Gualará. A veces sube del patio un gato amarillo y si le abro la ventana, entra y se va. Personaje secundario que entra para irse. Desarrugo la sábana. Tiendo una tras otra las cobijas. Las perfumo o entalco. No deben quedar fruncidas. Bien planchadas y estaré en paz con mi sentido de la simetría. Luego extiendo el cubrecama. Sobre este, dos almohadas. En el centro, un par de cojines. Si el gato, que ya no es amarillo, regresa y sube a la cama, lo ahuyento. Carezco de espectadores que aplaudan mi representación en el teatro de la estrecha alcoba. Fin del acto primero. Nada fatal, ¿verdad? Meses atrás, eso pensaba también yo. Nada relevante para escribir una patética novela. O un poema al estilo Bukowski. Observe el segundo acto, y si es de quienes tienden su cama, algo entenderá. Transcurre cuando voy a acostarme y comienzo a destender la cama que tendí al amanecer. Tal rutina se convierte en la fatalidad de comprobar que, acabando de tenderla, siento que destiendo la cama para acostarme. Como si no hubiese transcurrido nada más, entre amanecer y anochecer. Conciencia de lo cotidiano repetitivo. Experimento que es lo único en el día. Sin nada más de por medio. Espacio y tiempo se apretujan entre el lapso de tender la cama temprano, y destenderla en la noche. Apenas despierto y voy ya de nuevo a dormir por la velocidad con que pasa el día. Todo se contrae. Tiempo, espacio y eventos, desaparecen. No son concretos como estas dos acciones adheridas, sin nada de por medio: tender-y-destender-la-cama a la vez. Señor Beckett, ¿con qué frecuencia cambio el cubrecama? Señor Jarry, ¡entró un gato verde!

 


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

logo-copy-cronica
© todos los derechos reservados
Powered by: rhiss.net