Domingo, 23 Sep,2018

Opinión / JUN 11 2018

Tugurios de concreto

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La definición de tugurio que trae el diccionario es: Habitación o vivienda pequeña y mezquina —pobre, que carece de lo necesario, miserable—; equivalente a rancho, covacha o cambuche, las famosas favelas en el Brasil.

Lo anterior para destacar la declaración en días pasados del gobernador Carlos Eduardo Osorio Buriticá en el Foro de la Salud, donde expresó lo siguiente: “Después del terremoto de 1999, la región quedó con tugurios de concreto, bonitos, pero con pobreza que no está siendo atendida, la gente no alcanza a un Sisbén que le ayude en la salud, entonces hay personas que se encuentran sin el régimen contributivo ni el subsidiado”.

Recordar al gobernador y a los alcaldes que el Quindío se llenó de tugurios por todas partes, no hay municipio, incluyendo la capital, que no tenga cinturones de miseria construidos con ranchos de cartón, esterilla y guaduas donde no solo estas familias carecen de salud, también de empleo, educación, deportes, servicios públicos y seguridad. Zonas subnormales asentadas en las riberas de los ríos con peligro latente de avalanchas e inundaciones como, por ejemplo, Pijao, Génova, La María en Armenia y otros tantos que ocupan terrenos inestables e invasiones en Santander Bajo, Santafé, La Florida, Miraflores y Acacias Bajo en esta donde en menos de 14 meses ocurrieron 2 incendios que dejaron sin techo a decenas de familias, uno de sus residentes al sufrir el desastre expresó: “Vivo acá, no porque me gusta, sino que me tocó”. En la capital crecen las invasiones a diario sin control alguno por parte de las autoridades.

¿Y dónde están las políticas de los gobernantes para ayudar a estas pobres gentes golpeadas por el infortunio, sin esperanza de una vivienda digna, salud y empleo que le mejore su calidad de vida? Y no solo es el Quindío, es un problema de toda Colombia, ahí no más tenemos el peligro de la represa Hidroituango con municipios al lado y lado del río Cauca a la espera de un milagro que los proteja de un derrumbe y posible avalancha que arrase con viviendas y personas. La ciudad de Cali y el jarillón, que evita los daños con las crecientes del río que pasa a lindes con sus viviendas de invasión, mal construidas y peor ubicadas; Manizales y sus barrios de laderas en terrenos deleznables donde ya han ocurrido varias desgracias; Cartagena y San Andrés tan ricas en turismo, hotelería y edificios de apartamentos donde se nota la diferencia entre los estratos altos y bajos, el lujo y la pobreza llevados al extremo.

Quiera Dios que el próximo presidente de los colombianos mire hacia estas barriadas marginales, sino lo prometió en campaña, al menos promueva políticas de mitigación hacia estas comunidades siempre olvidadas. 

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