Martes, 20 Ago,2019
Opinión / ABR 11 2019

Tumba cibernética

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Al conquistar el homínido una lengua simbólica y articulada también adquirió una estructura que se podía legar de generación en generación como lo hicieron todas las comunidades primitivas: transmitieron oralmente los saberes ancestrales que pasaban de los chamanes a los iniciados como mitos, leyendas, costumbres, medicina, etc.

Poblaciones civilizadas vieron la necesidad de plasmar sus memorias por escrito como se cuenta de Homero, el ciego, quien recoge de los aedas y rapsodas las sagradas historias cantadas ficcionándolas en forma de gestas escritas para su pueblo, conocidas como La Ilíada y La Odisea; igual ocurre con las leyendas persas transcritas por varios autores difundidas con el título: Las mil y una noches.

Este paso transcendental de lo sacro a lo profano requería la iniciación en la lectura interpretativa, una hermenéutica que permitiera el acceso a la tradición oral plasmada ya en paredes, rocas, cerámicas, luego en telas y papiros gracias a la grafía. Tanto los escribas como los lectores construyeron bibliotecas personales para lo cual fue necesaria la labor de los copistas.

En el siglo XVI surge la imprenta de Gutenberg dando paso a la escritura en el formato de libro, compilaciones del saber en papel, ofrecidas tanto a iniciados expertos lectores críticos, como a legos que se encargaron de banalizar sus contenidos.

Ahora la internet ha masificado los textos en un nuevo formato al que puede acceder cualquier cibernauta, que con solo un clic lo encripta en una carpeta que enviará a la nube digital, topos uranos en un mundo virtual donde permanecerá gravitando en la nada, quizás por la ausencia de potenciales lectores con la experticia de interpretar esos saberes.

Así se cierne una amenaza sobre el legado ancestral de los pueblos y tal vez llegaremos a la premonición de Ray Bradbury en su obra Fahrenheit 451 en la cual hubo que crear una secta de hombres-libros que sabían de memoria los contenidos de estos y cuando los hallaba algún visitante ávido de conocimiento, ellos comenzaban a recitar las obras como los chamanes y los rapsodas, de este modo estaremos recomenzando la historia del renacimiento de los libros. 

Para ese entonces no sabremos a ciencia cierta cuál será el formato en que se plasme la historia de los pueblos contada por escritores y leída por agudos lectores del futuro o ¿quedarán definitivamente en el olvido sideral?


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