Viernes, 19 Jul,2019
Opinión / DIC 15 2018

Último concepto en el 2018

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Siempre nos muestran cuadros bien diseñados para convencernos que lo programado va viento en popa. Que las metas se están cumpliendo o van adelantados a lo comprometido por las administraciones en sus programas de gobierno. Nos quieren meter en su razón de que ellos sí están pensando en el bienestar de la población. 
Y obvio, algunos terminan fascinados por las cifras mostradas o porque lo allí expuesto pinta un panorama supuestamente esperanzador. Son como aquel vendedor de baratijas que nos quiere convencer que lo ofrecido es el sueño no logrado aún y el cual de seguro nos llevará al paraíso prometido. Se repite la historia del invasor que cambiaba espejitos por oro y plata.
Para los/as ambientalistas, no puede ser aceptado que nos quieran vender la idea de que a nuestros hogares está llegando un agua potable, cuando ni siquiera saben cuánto metal pesado está siendo vertido a los ríos y quebradas del territorio. Ni qué agrotóxicos se escurren por las laderas contaminando los suelos y con ello las corrientes de agua. Aún siguen sin saber cuánto excremento humano y animal llega a las bocatomas de acueductos sin tener un tratamiento adecuado para eliminar los mismos. 
No podemos creer que la gestión del riesgo se está llevando a cabo debidamente, cuando vemos como la presente ola invernal ha puesto en riesgo comunidades enteras, mientras nos dicen que esto era ‘impredecible’, ocultando las advertencias que habían realizado sus propios habitantes. No se tiene conocimiento a detalle de la región ni lo que está impactando en ella.
La infraestructura impulsada y construida por el Estado y la empresa privada, se amplía sin mirar las condiciones o la capacidad de carga de los territorios. Bajo el pretexto del tal desarrollo y en la supuesta búsqueda de generación de empleos, se realizan proyectos que impactan negativamente el entorno. No solamente no generan el mejoramiento de la vida de quienes habitamos en él, sino que las amenazas y riesgos son las huellas que saltan a la vista de tales acciones.
Se impulsa y apoya el agronegocio con los monocultivos para la exportación, mientras la economía de quienes siempre han trabajado la tierra y aportado los alimentos a sus localidades, va tocando fondo y no les queda otra salida que entregar lo suyo a los bancos o al empresario venido de lejos.
La Procuraduría denuncia la ilegal ‘minería express’ con sus desastrosas consecuencias, y quienes gobiernan guardan silencio. Siguen construyendo violando suelos de protección y nada pasa. Aparecen escombreras sin permisos y como si no se notaran. Sepultan quebradas bajo el cemento y lo celebran como sus mayores logros. Contaminamos cada rincón de las ciudades y creemos que es modernidad. 
La ciudadanía marcha y se organiza para defender el territorio, el agua y la vida, mientras en los edificios gubernamentales colmados de expertos, siguen desconociendo los requerimientos de quienes los eligieron esperanzados en un nuevo día. 


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